Ir al contenido principal

12 DE OCTUBRE



Hoy se celebra el Día de la Hispanidad. Ha habido manifestaciones a favor, en contra y en contra de los que están a favor (también a favor de los que están en contra). Unos sacan a pasear la bandera y otros la ven como un símbolo del pasado. Hay quienes sienten pasión por ella y otros que la queman. Para mí la bandera de España es mi bandera, porque así lo establece la Constitución del 78, en la que creo. También mi bandera es la andaluza, porque nuestro Estatuto de Autonomía lo dice así. Me siento profundamente andaluz, canto con orgullo el himno de Andalucía y lo enseño a mis alumnos, porque ése sí tiene letra. Tengo dos banderas, porque así lo establecen las leyes en las que creo, pero no muero ni siento pasión por ninguna. Son símbolos de mi tierra y como tal las veo. No las enarbolo en contra de nadie, ni soy de banderas más que nadie.

Creo que los que celebran este día tienen el mismo derecho a hacerlo que quienes no sienten nada por el 12 de octubre, pero me gustaría que todo se hiciera sin rencor y con respeto. Soy una persona tolerante y respetuosa y me parece bien que cada cual defienda lo que quiera, respetando siempre la libertad, la democracia y los derechos de las personas.

No, no soy un tibio. Soy una persona de firmes convicciones democráticas, incluso desde antes de que esa palabra se popularizase en nuestro país. Lo que no soporto es la intolerancia, de unos y de otros, ni me gustan los enfrentamientos viscerales, consecuencia del cainismo imperante en nuestro país.

Que cada cual celebre hoy lo que quiera, que lo hagan los que están a favor, los que están en contra y los que están en contra de los que están a favor, pero que lo hagan con respeto a los demás, porque todas las ideas que caben dentro de nuestra Constitución son respetables.

Comentarios

Entradas populares de este blog

POLÉMICA EN EDUCACIÓN

La Consejería de Educación ha decidido que el inicio del curso escolar se adelantará en 8 días, como medida para conciliar la vida laboral y familiar de los padres y a fin de incrementar la calidad de la educación, según dicen los políticos. Siempre que se habla de conciliar la vida laboral y familiar hay alguien que sale perdiendo. Unas veces la empresa, otras los compañeros de trabajo y en ocasiones los propios hijos. Cuando lo que se pretende es aumentar la calidad de la educación, a costa del profesorado y sin poner un solo euro, simplemente se miente. A mí el que el curso comience el día 7 de septiembre no me produce ningún quebranto porque los docentes, aunque mucha gente lo desconozca, empezamos a trabajar el día 1 de ese mes. Sí que es cierto que a los equipos directivos de los centros educativos les va a resultar imposible planificar adecuadamente el inicio del curso, con lo que la calidad del trabajo podría resentirse. En realidad lo que creo es que el gobierno andaluz se ha ...

VIOLENCIA Y PARASITISMO EN LA ESCUELA

Cuando, hace treinta y seis años, yo empecé a trabajar había niños que no asistían a clase. Estaban matriculados, los teníamos en lista pero teníamos asumido que jamás aparecerían por el aula. Sus padres no valoraban la ecuación, no apreciaban el estudio, ni la formación y no los mandaban al colegio. Entonces el no asistir a clase no tenía consecuencias y se quedaban por la calle, cometiendo pequeños delitos o apedreando perros. Luego se impuso la asistencia obligatoria al colegio y no les quedó otra que entrar en las aulas, si no querían ver a sus padres sancionados. Hoy este tipo de alumnado, (también sus padres), sigue sin tener el más mínimo interés por la educación y el estudio, pero acude a clase porque necesita un certificado de asistencia para acceder a cualquier subsidio, ayuda o subvención, que pagamos religiosamente los contribuyentes. Capítulo aparte merecería la actuación de algunos Trabajadores Sociales, que adjudican las ayudas públicas, sin exigir contrapartid...

TREINTA AÑOS DE FIDELIDAD

Han sido treinta años de relación que ahora, desafortunadamente, acaban de concluir. La fidelidad siempre presidió esa relación, aunque he de reconocer que, como humano que es uno, alguna vez sentí la tentación de pecar, de echar una cana al aire, de cambiar de pareja, de probar nuevas sensaciones, de explorar otros mundos. Más que la honestidad, fue el hecho de evitarme una sensación de mala conciencia, el que me alejó de posibles aventuras y, aunque llegué a flaquear, jamás me atreví a hacerlo con alguien diferente. También estaba el miedo al hecho de que yo siempre tuve la certeza de que me descubriría, porque esas cosas se notan demasiado y es muy complicado mantenerlas ocultas. Ya me advirtió que lo nuestro estaba tocando a su fin, que no podía alargarse más, que no se sostenía, pero yo nunca quise creer que así fuera, por lo que cuando la ruptura se ha consumado, el impacto ha sido mayor, aunque de todo sale uno. Treinta años de fidelidad también me han enseñado que atarse ...