Hoy me han faltado a clase cinco. Supongo que será por el frío. Cuando yo era pequeño, a los niños nos encasquetaban unas botas de goma y una capa impermeable azul, con su gorro y tuviésemos la edad que tuviésemos nos mandaban solos al colegio. Entonces los inviernos eran «como Dios manda», con sus nieves, sus fríos polares y sus buenos charcos en los que estrenar nuestras negras botas de goma. Aquellos inviernos ya no existen. Ahora son inviernos descafeinados, con suaves temperaturas y escasas precipitaciones y sin embargo mis alumnos prefieren quedarse en casa «no vaya a ser que...». Son niños y niñas criados entre algodones, con todos los consentimientos y todos los caprichos, para que no pasen penalidades y no se estropeen, de esos que se echan a llorar cuando reciben el primer palo de la vida, en lugar de remangarse y echarle un par. Nunca he pensado que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí estoy convencido de que si no les apretamos un poco las clavijas, se van a pasar la vida llorando.
La Consejería de Educación ha decidido que el inicio del curso escolar se adelantará en 8 días, como medida para conciliar la vida laboral y familiar de los padres y a fin de incrementar la calidad de la educación, según dicen los políticos. Siempre que se habla de conciliar la vida laboral y familiar hay alguien que sale perdiendo. Unas veces la empresa, otras los compañeros de trabajo y en ocasiones los propios hijos. Cuando lo que se pretende es aumentar la calidad de la educación, a costa del profesorado y sin poner un solo euro, simplemente se miente. A mí el que el curso comience el día 7 de septiembre no me produce ningún quebranto porque los docentes, aunque mucha gente lo desconozca, empezamos a trabajar el día 1 de ese mes. Sí que es cierto que a los equipos directivos de los centros educativos les va a resultar imposible planificar adecuadamente el inicio del curso, con lo que la calidad del trabajo podría resentirse. En realidad lo que creo es que el gobierno andaluz se ha ...
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