14.1.08

LA MALA SALUD DE LA POLICIA LOCAL


Seguramente todos habrán oído hablar de ese tema que los medios de comunicación han dado en llamar, en un desafortunado eufemismo, “huelga encubierta” de la Policía Local. El otro día preguntaba yo a mi mujer, que es médico, por el tema de las bajas masivas de estos policías. Ella, que no sigue la actualidad local más que por lo que yo le cuento, me contestó que un número tan anormal de bajas puede deberse a una epidemia causada por un virus que, desde hace unas semanas, anda por ahí dando la lata. Siguió explicándome que, además de prescribir un tratamiento sintomático, se hacía imprescindible tomar medidas higiénicas en el lugar de trabajo tales como airear y ventilar. A mi no quedó más remedio que estar de acuerdo con ella porque es evidente que hay que tomar medidas higiénicas y ventilar mucho dentro de este cuerpo, aunque yo creo que mi mujer hablaba de otro tipo de higiene y ventilación. Cuando le conté que los síntomas no eran los mismos y que las enfermedades eran distintas, se quedó un poco fuera de juego.

Fuera de juego se ha quedado la mayor parte de los ubetenses cuando, en un alarde de cinismo sin límites, los policías ponen por delante la profesionalidad y la ética de los médicos que han firmado las bajas, para no dar ellos la cara. Al hilo de esto, mi mujer me decía que el síntoma dolor es una variable ordinal que no se puede cuantificar y que en la relación médico-paciente el facultativo confía siempre en el paciente y cree que le está contando la verdad. Dicho de otro modo, si yo llego al Médico de Familia arrastrando una pierna y le explico que tengo un enorme dolor en la cintura, que no me puedo mover y que tengo acalambrada toda la parte posterior del muslo derecho, sin ninguna vacilación, me dará la baja laboral, me prescribirá una medicación y me mandará reposo absoluto para que vuelva a su consulta en 7 ó 10 días. Si no mejoro, me enviará al especialista. Me lo sé tan bien porque no hace mucho padecí una ciática de tres pares de narices aunque, afortunadamente, “todo quedó en casa”.

En la pasada Navidad, pude comprobar cómo mi pueblo se convertía en una jungla. Tanto los cacos como los infractores saben que no hay policía, ni grúa y que no existen las multas. Han proliferado los robos, los actos vandálicos y los coches campaban a sus anchas sobre aceras, delante de los vados e incluso cortando calles. Úbeda se ha convertido en una selva circulatoria, en un sálvese quien pueda, porque quienes se han jodido con los efectos colaterales han sido los miembros del Cuerpo Nacional de Policía, que no están para realizar funciones de tráfico.

Jamás he puesto en duda que una parte de las reivindicaciones de los policías fuera justa. Pero, con esos modos, no merecen ni agua. Han tenido una desconsideración total hacia los ciudadanos, se han pasado por el forro los miedos de la gente y sólo han estado pendientes de lo suyo. Puro y duro egoísmo con el que no han conseguido más que echarse tierra encima.

Leo en un diario provincial que, ahora que comienzan a recibir el alta médica y tras los visos de una posible negociación, los propios policías se van a encargar de limpiar su imagen. Lo tienen crudo. Si esa imagen ya estaba muy deteriorada ante ciudadanos que creen que sólo sirven para poner multas y que bastantes de ellos son prepotentes y maleducados, ahora con esta falta de consideración hacia los ubetenses, no han demostrado más que el desprecio que sienten por sus conciudadanos y eso es muy grave.

Visto lo visto, sólo espero que los municipales no se salgan con la suya. Úbeda estaría permanentemente vendida.


 
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