25.12.13

EL DISCURSO DEL REY



Ha sido una decisión consensuada, pero por primera vez en mi vida he conseguido que este año, durante la cena de Nochebuena, no se encendiese el televisor en mi casa, así que no vi el discurso de Juan Carlos. Esta mañana he visto bastantes cortes del mismo en el canal 24 HORAS. Lo que he visto me parece sensato y muy pegado a la realidad que vivimos. Cualquiera sería capaz de escribir un discurso así, porque todo el mundo sabe cuál es la situación actual del país y conoce bien lo que la gente quiere escuchar. Yo creo que antes de escribirlo se dijo: "voy a hacer algo que no me deje en evidencia ante mis súbditos, que están muy cabreados" y posiblemente lo haya conseguido. No obstante él, como todos lo sabemos, sabe que todas esas buenas intenciones son sólo papel mojado, sin ninguna intención de convertirlas en realidad. Los políticos no son tontos: saben realmente cómo está el país y cómo nos sentimos los ciudadanos y por inútiles que sean, son capaces de plasmar en un papel esa cruda realidad. Otra cosa muy distinta es que no tienen la menor intención de cambiarla, porque a ellos les va bien así y les importa tres pitos que los demás estemos jodidos.

10.12.13

¿A MÍ QUÉ ME IMPORTA?



He entrado en el bar, a tomarme una manzanilla, porque tenía el estómago un poco revuelto. Me he apoyado en la barra y mientras me la servían he visto quejarse de su desgracia a una mujer. Su expresión lánguida denotaba cierta tristeza, casi abatimiento. El hombre que estaba a su lado se interesaba por sus problemas. Creo que era un interés insano. Ella se desahogaba contándole sus desgracias y él fingía consolarla. Otro hombre la miraba con atención, mientras desvelaba íntimas cuestiones, y una mujer gesticulaba y hacía muecas de desaprobación. El volumen del televisor estaba apagado y los subtítulos decían que su marido la había destrozado anímicamente, que sólo le había dejado deudas y cuatro hijos. En el bar un televisor encendido y sin volumen parece que hace compañía, pero lo cierto es que nadie lo miraba. Unos jugaban a las cartas, otros charlaban y otros leían la prensa y aquella mujer seguía desgranando sus ruinas en forma de subtítulos televisivos. Yo he pensado que seguramente lo hacía porque le pagaban por ello. Alguien con un mínimo de decencia no contaría ciertas cosas íntimas ni por dinero, pero es cierto que existe gente sin moral y con la ética justa como para ser capaz de hacer cualquier cosa cuando la acosan los bancos. Yo miraba el televisor, intentando adivinar lo que contaba la mujer del famoso hermano de una famosa, mientras pensaba en lo poco o nada que me importaba lo que aquella mujer estuviera contando. Tampoco alcanzaba a comprender que pudieran interesarle a alguien los trapos sucios de una mujer con la que jamás cruzaremos palabra. Luego me ha venido a la mente el sonido de las mirillas, que giran descontroladas cuando sales del ascensor en un bloque de vecinos. He llegado a la conclusión de que España es un país de chismosos y de incultos, que prefieren perder el tiempo tras una mirilla o ante la “telebasura”. Me he quedado más tranquilo cuando la camarera me ha puesto la manzanilla y he bajado a la realidad: a mí aquello me parecía esperpéntico y humillante. Humillante no sólo para quien cobra por contarlo, sino para toda esa gente que mantiene los televisivos niveles de audiencia por el morbo de escuchar la ruina moral de gente a la que ni siquiera conoce y cuya vida no tiene ningún tipo de interés.

27.11.13

EL AYUNTAMIENTO ABRE HOY EL ALBERGUE



El Ayuntamiento de Úbeda abre el albergue para inmigrantes antes de lo previsto. Ha sido sólo con dos días de antelación pero lo importante es que los ciudadanos hemos ganado el pulso, por una vez. Lo hemos ganado en una tenaz batalla, pues hasta ayer mismo la postura oficial era férrea e innegociable: el albergue no se abriría hasta el viernes. La presión y la indignación social han sido enormes, pero sobre todo unánimes. Hasta las cofradías, tan prudentes ellas siempre y que a nivel oficial jamás se mojan sobre temas que vayan más allá del color de las flores que van a colocar al trono, han puesto el grito en el cielo ante una situación a todas luces (y más ante las luces de un católico) inhumanas. El alcalde se ha visto desautorizado y solo, incluso abandonado por sus propios votantes. No hemos ganado la guerra, pero sí una batalla. Por algo se empieza.

26.11.13

HA MUERTO DON LUIS DIOSDADO



Don Luis Diosdado era el jefe de estudios del Instituto Nacional de Enseñanza Media "San Juan de la Cruz" cuando yo era alumno de ese centro educativo, allá por finales de la década de los sesenta y principios de la de los setenta. Era un hombretón apuesto y de buen ver, muy guapo según mis compañeras, que traía locas a todas sus alumnas hasta el punto de que creo llegó incluso a casarse con una de ellas. Nunca me dio clase, porque mi profesor de francés fue don Eladio Cuadrado, pero en su calidad de jefe de estudios solía llamarme a capítulo muchas más veces de las que mis padres hubiesen deseado. Bastantes horas pasé en su despacho, entre reprimenda y reprimenda, porque yo siempre sentía un enorme deseo de salirme de ese camino recto que aquel hombre machaconamente me marcaba.

Hace tiempo me enteré de que don Luis estaba gravemente enfermo. Uno de esos males a los que eufemísticamente denominamos como "una cruel enfermedad", porque creemos que se alejará de nosotros si no lo llamamos por su nombre, había invadido su cuerpo y había (visto lo visto) llegado para quedarse. A través de un amigo común me alegré con sus mejorías intermitentes y me entristecí con sus habituales recaídas. Ayer me contaron que lo habían enterrado el domingo. Me hubiera gustado asistir a su entierro, para rendirle mi último e íntimo testimonio de consideración, pero me cogió desprevenido, como siempre suelen cogerle a uno estas cosas que suceden de un día para otro.

Hoy, cuando el reconocimiento al trabajo docente pasa por sus horas más bajas, con estas escasas líneas, quiero mostrar mi agradecimiento a don Luis María Diosdado y a todas esas personas que, como él, no solamente nos inculcaron unos conocimientos, sino unos valores éticos que han hecho que nuestra vida marche, (ahora sí), por aquellos caminos rectos que machaconamente nos marcaban.

Mi sincero pésame a su esposa e hijos. Descanse en paz.

HAY QUE REMANGARSE



Quejarse de que los inmigrantes duermen en la calle y cargar las tintas contra otros es relativamente sencillo, sobre todo cuando estamos calentitos, sentados ante un ordenador. Claro que en Úbeda hay salones parroquiales, polideportivos y otros locales pero, por poner un ejemplo, en el caso de un salón parroquial, ¿quién debería hacerse cargo del tema? ¿el cura?. No creo que una, dos o tres personas puedan controlar, (porque se necesita cierto control, de entradas, de salidas y para el respeto a las instalaciones) a un grupo numeroso de inmigrantes que quiere alojarse en ese lugar. Cuando los políticos forman parte del problema y no de la solución, lo correcto, lo decente, sería remangarse y ponerse manos a la obra y que 10 ó 15 ciudadanos se presentasen ante el responsable del local para decirle: "aquí estamos. Nosotros nos hacemos cargo de todo". Ante esa actitud es difícil obtener un NO por respuesta. Pero estamos mejor en casa, calentitos y "cibervociferando". ¿Alguien conoce bien el comedor de Cáritas? No tiene tantos voluntarios, muchos han de repetir, y la mayoría de esos voluntarios, como es el caso de mi suegra, son personas de avanzada edad que, más que otra cosa, aportan unas dosis enormes de solidaridad y de buena fe (nuestros mayores siempre dándonos ejemplo). Así que vamos a remangarnos y a actuar. Si encontramos un No como respuesta, llegará entonces la hora de indignarse y de protestar. Cargar las responsabilidades sobre otros y que nosotros no movamos un dedo, resulta bastante hipócrita (aunque quede progre).

21.11.13

PAGAMOS LOS DE SIEMPRE



La dirección de la Agencia Tributaria destituyó la semana pasada a una inspectora de Hacienda de la oficina técnica de grandes contribuyentes. Se trataba de evitar que progresase un expediente sancionador, de muchos millones de euros, contra la cementera CEMEX, que no ha hecho sus deberes fiscales en los últimos años. Parece ser que varios amigos y colaboradores de Montoro son ahora altos directivos de CEMEX y habrían presionado para dejar de pagar todos esos millones de euros. El Gobierno está empeñado, desde hace tiempo, en rebañar dinero de donde sea: pensiones, sueldos públicos, IVA, Educación, Sanidad, Cultura... Lo que queda claro es que a sus amigos, las grandes empresas, los bancos, las grandes fortunas, no les van a hacer pasar por taquilla (hoy por ti, mañana por mí). Ni siquiera les van a aplicar las leyes que aplican al resto de los mortales. Aquí pagamos siempre los mismos: los que tenemos una nómina, sobre todo si somos trabajadores públicos, y los ciudadanos en general, vía reducción de sueldos e impuestos indirectos. Para los demás hay barra libre, pagamos los curritos que formamos parte de la casi extinta clase media... por gilipollas que somos.

PAROT



Hablando del tema Parot, creo que a quienes habría que pedir responsabilidades por esas ofensivas e indignantes excarcelaciones es a los políticos. Ellos no modificaron la ley en su momento, para aumentar las penas por delitos de terrorismo y de aquellos polvos llegaron estos lodos. Lo que ha dicho el tribunal europeo es simplemente que hicieron una chapuza, para intentar remendar aquel tremendo error, porque no puede aplicarse una sentencia, "la Parot", con efectos retroactivos a otros presos ya juzgados, condenados y que conocían perfectamente los años que permanecerían en prisión. Después de leer mucho sobre el tema, he llegado a la conclusión de que esta sentencia se ajusta exhaustivamente a la ley. Una cosa es lo que nos pide el cuerpo y la otra la aplicación de la ley. Si en democracia empezamos a hacer lo que nos pide el cuerpo esto sería una anarquía. El ver salir de prisión a esa gentuza, que celebra su libertad brindando en los bares, a mí me revuelve las tripas, (que son vísceras), pero siempre procuro no pensar con las vísceras. Si hay que reformar la ley se reforma, pero chapucearla, haciendo trampas, nos deja casi a la altura de los asesinos y nosotros estamos moralmente muy por encima de ellos.

16.6.13

NOS VEMOS EN GETHSEMANÍ, JUANITO



Conocí a Juan Pedrosa a principios de la década de los setenta. Yo entonces era un muchachejo que acababa de entrar en la banda de mi cofradía de la Oración en el Huerto, de la cual Pedrosa era el responsable. Pronto me llevó a su terreno, para enseñarme que la amistad no está reñida con la diferencia de edad. Él sabía ponerse a nuestra altura, pero también tenía un sexto sentido que lo llevaba a ocupar el lugar de un padre, que aconseja a sus hijos cuando intentaban coger el camino equivocado, llevados por la inexperiencia y los malos ejemplos que todos hemos visto en nuestra adolescencia. Aunque a veces actuase como tal, en el fondo todos sabíamos que, más que un padre, era un amigo y siempre hacíamos nuestros los buenos consejos que nos daba, esos mismos consejos que rechazábamos en nuestra casa, porque venían impuestos por alguien que sí que tenía autoridad legal sobre nosotros. Juan Pedrosa era, para quienes hemos tocado alguna vez en la banda de nuestra hermandad, ese padre que nos aconsejaba desde la buena fe y desde la experiencia, seguramente sin esperar que fuésemos a hacerle caso, pero convencido de que no todo caería en saco roto.

El paso de los años nos fue aproximando en cuanto a la edad. Él parecía haberse quedado estancado en aquellos cuarenta, mientras nosotros íbamos cumpliendo años. Llegamos a ser verdaderos amigos, incluso confidentes, y aunque nuestras relaciones pasaron por momentos con altibajos, (ambos teníamos caracteres muy fuertes), jamás llegamos a distanciarnos, porque la amistad que se fragua desde la sinceridad y la buena fe no muere nunca.

De Juanito Pedrosa hay cosas que jamás olvidaré y no olvidaré, por más que el tiempo pase, el día en que recibí la boquilla de mi corneta que él me mandó a Francia, en mis tiempos de lector de Instituto, para que pudiese tocar en nuestra procesión. No olvidaré los años que pasó bajo el trono de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto, unas veces a las órdenes de mi suegro José María y otras a las mías. Habíamos logrado tal compenetración, que sólo un pequeño gesto le bastaba para saber lo que tenía que hacer. Y nunca olvidaré la intercesión de su hija Ana Mari, para que su padre saliese bajo ese trono, en la mañana del Jueves Santo, cuando yo consideré que a causa de su enfermedad no estaba en las condiciones que se requerían. Él, haciendo de tripas corazón, sacando fuerzas de flaqueza, estuvo magistral aquel año y terminada la procesión nos fundimos en un enorme abrazo de satisfacción y hermandad. No nos dijimos nada, pero él entendió mi disculpa y yo aprecié su enorme satisfacción por un esfuerzo titánico. Podría estar horas y horas contando mis experiencias junto a mi amigo Juanito, pero no quiero alargarme.

La vida de Juan ha sido ciertamente azarosa, pero no creo que podamos hacer de ella un balance negativo. Si en lo afectivo la suerte no siempre lo acompañó, de su matrimonio obtuvo el inmenso regalo de su hija Ana y de su nieto Álvaro que en todo momento, y hasta última hora, estuvieron pendientes de él y que fueron su motivo de orgullo. En nuestra ciudad siempre tuvo a su familia de cofrades de la Oración en el Huerto. Entre nosotros siempre estuvo en su casa, porque se desvivió por su cofradía y la hermandad se lo supo reconocer a tiempo, en un hermoso acto, celebrado en la iglesia de San Pablo, el día de San José del año 2012. Ha partido cargado de amor y de afecto, del cariño de todos los que lo conocimos, porque pasó por aquí tal como era, sin ningún doble fondo y haciendo el bien.

Él siempre fue consciente de la gravedad de su enfermedad, pero jamás quiso utilizarla para hacernos sentir lástima o para que nos compadeciésemos. Se fue despidiendo de nosotros poco a poco, en cada misa, en cada procesión, en cada acto, en cada reunión, en cada junta, en cada comida y en cada caseta. Sus gestos, sus leves insinuaciones y su resignación cristiana nos fueron informando, en cada momento, de cuál era su estado. Nunca se quejó, nunca fue de víctima porque supo aceptar aquello que le había tocado en suerte. Fue todo un ejemplo para nosotros.

El próximo Jueves Santo vendrá también junto a mí, como desde hace años vienen Miguel Muñoz, Pepe Mendoza, José María Ruiz, Luis Martínez y tantos y tantos otros que llevaron a su hermandad en lo más profundo del corazón. Ellos velarán por nosotros desde los olivares del eterno Gethsemaní del Cielo, mientras permanecen vivos en nuestra memoria, como ejemplos de cofrades comprometidos y de personas honestas.

Nos vemos en Gethsemaní, Juanito.
 
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