20.2.03

HAN MATADO AL PRESIDENTE


Uno de los recalcitrantes “semanasanteros” que edita esta publicación, Salvador Molina, me ha invitado a que colabore por vez primera en ella. Son varias las colaboraciones que hago para publicaciones cofrades y, aunque la temática es enorme, no siempre tiene uno la frescura de ideas que se precisa para escoger el tema adecuado. Durante unos días estuve pensando en algo que pudiese interesar a la parroquia de cofrades casi marginales que lee esta revista (también la lee, aunque no lo confiese, un número importante de cofrades de pro). Desde el año pasado me rondaba por la cabeza un tema que podía ser polémico (a Salva y sus amigos “les va la marcha”) pero que encajaba mal, sobre todo enfocado como yo lo hago, en las revistas “serias” y de opiniones “respetables”. Mi amigo Salva me ofreció la ocasión ideal para desembuchar un asunto que no se ha tratado suficientemente pero que tampoco es de menor importancia. Las páginas de una revista tan “underground” como “El Sudario”, van a ser el medio ideal para sacar a relucir los problemas con las bandas de música en las procesiones de nuestra Semana Santa.

Todo el mundo sabe que, el pasado año, la Agrupación Musical Ubetense dejó, por primera vez, de participar en casi todas las procesiones de Semana Santa en las que habitualmente tocaba. Problemas en el convenio firmado con al Ayuntamiento de Úbeda dieron lugar a que la A.M.U. adoptase tal decisión. Este año se repite la historia. Por lo que parece, sólo actuarán en el pregón y en las procesiones de la Soledad (que no tiene escrita la partitura) y el Santo Entierro. Yo, aún a riesgo de ser lapidado, la decisión la entiendo perfectamente. Desde niño siempre me pregunté de dónde sacaban las fuerzas aquellos músicos para recorrer las calles de nuestra ciudad durante tantísimas horas y tantos días. Siempre pensé que iban los mismos a todas las procesiones aunque, pasados los años, se me hizo añicos el mito del hombre-músico inquebrantable e inagotable, cuando me enteré de que libraban en algunas procesiones para descansar. Eso no cambia demasiado las cosas. La paliza que se daban era agotadora. Jamás se me olvidará la inalterable presencia de don Emilio Sánchez Plaza (que en paz descanse) perseguido por un corpulento hombretón, conocido por “Miguelón”, alto, grueso y con gafas, que siempre cargaba con un enorme bombo al que golpeaba con la misma parsimonia y eficacia fuese cual fuese la hora del día y el día de la semana. Para mi, independientemente de lo grandes profesionales que son, siempre han tenido enorme mérito los músicos en Semana Santa.

El pasado año, nuestros músicos, ya probaron las mieles del descanso y de los paseos familiares, que los llevaron a disfrutar de la belleza de calles limpias de vehículos, en una época del año en la que Úbeda está particularmente guapa. Una vez vividas estas sensaciones, es normal que quieran abonarse al descanso eterno. Hemos de tener en cuenta, también, que cuando pensemos en la firma del convenio con el Ayuntamiento, debemos asemejarlo a las negociaciones laborales entre empresarios y sindicatos en las que, normalmente, los últimos siempre quieren para el obrero menos trabajo y más sueldo y vacaciones. Por supuesto el trabajador, (el músico), no debe dejarse timar por la empresa, (el Ayuntamiento de Úbeda) y si la subvención recibida, dividida entre el número de actuaciones viene a suponer unos 1.082 euros por actuación, los músicos están en el derecho de considerar que su arte no está lo bien pagado que debiera.

Al Ayuntamiento hay que echarle también un capote, dejando claro que todas las entidades locales son, por antonomasia, morosas por el hecho de que ofrecen una cantidad de servicios y tienen un número de competencias que no está en proporción directa con los escasos ingresos que reciben. Estoy convencido de que, más temprano que tarde, terminará retirando la subvención que concede a las cofradías para contratar bandas de música en Semana Santa. Se trata de una certeza, no de una intuición. A la escasez de recursos económicos y a la existencia de enormes deudas para con la Seguridad Social de nuestra “Casa Grande”, hay que sumar el hecho de que en Úbeda las cofradías siempre han tenido un chollo con esto de la música. No conozco ningún pueblo ni ninguna ciudad en España, en la que una misma banda (que además no es municipal) toque “gratis total” para todas las cofradías. He podido presenciar, desde finales de año, los movimientos de muchas cofradías del país, tendentes a la contratación de una banda para su estación de penitencia. El mamar de la teta institucional se acabará y caducará la ganga de la subvención, la del pregón, la de la Soledad o la del Santo Entierro y cada hermandad tendrá que destinar fondos, con carácter anual y fijo, para la música, tal y como lo hace para la cera, el incienso o las flores. De lo que hubo tiempo atrás, nos quedará el regusto de poder decir “que nos quiten lo bailao”.

Al margen de convenios y subvenciones, las cofradías, a través de la Unión o por ellas mismas, deberían plantearse la contratación de una banda con suficiente antelación (las prisas sólo van bien a los ladrones o a los malos toreros). Con esta antelación se abaratarían costes, dado que una banda aumenta su “caché” si está muy solicitada y esa solicitud suele producirse en los meses cercanos a la Semana Santa. Hace unos días hablaba yo con un director de banda (ésta sí municipal) y me venía a decir, con otras palabras, que suelen venderse al mejor postor. En septiembre u octubre, todavía no hay postores y puede “amarrarse” una banda a mejor precio, previa firma del preceptivo contrato.

A pesar de lo anterior, la del abaratamiento de costes no es la principal razón para contratar a una banda con mucha antelación. En Úbeda todos queremos que las bandas foráneas nos toquen las marchas de nuestras cofradías. La mayoría no quiere ni escuchar esas composiciones de Semana Santa que se han estandarizado, que cualquier banda lleva en su repertorio y que, de forma machacona e impersonal, se repiten por todo el país a partir del Domingo de Ramos. “Pasan los Campanilleros” podrá ser una composición “hermosísima”, pero a mi no me eriza el vello tocada tras el paso de Nuestra Señora de la Esperanza. Otra cosa bien distinta sería el escuchar el Miserere, dignamente ejecutado, a las siete de la madrugada del Viernes Santo.
Aunque es evidente, por mal oído que tengamos, que no todas las bandas suenan igual, no vamos a poner en duda la profesionalidad de sus componentes. Lo que sí que hay que poner en tela de juicio es si las partituras se entregan con la suficiente antelación a las bandas que van a interpretarlas por primera vez. Yo creo que no. El año pasado tuvimos interpretaciones bastante dignas junto a bandas que cada vez que “perpetraban” una marcha daban ganas de echarse a llorar. Este año, si no... al tiempo, pasará exactamente igual. Todo ello sin contar con la complejidad musical de algunas de las partituras de nuestras cofradías.

Sobre el pasado 10 de febrero quedaba casi cerrada las cuestión entre bandas y cofradías ubetenses. Sólo casi cerrada. Habrá bandas noveles en nuestra Semana Santa y, parece ser, que algunas de las que repiten no lo harán con las hermandades del pasado año.

Si queremos cuidar todos los aspectos externos de la Semana Santa de Úbeda, hemos de mirar con lupa el apartado musical. La incorrecta interpretación de una de nuestras composiciones puede poner en evidencia el digno discurrir de una procesión. Escuchar interpretaciones como la que el pasado año se hizo de una hermosa marcha como la de “El Presidente ha muerto” produce vergüenza ajena porque en realidad lo que sucedió aquella noche del Jueves Santo de 2002 era que “AL PRESIDENTE LO HABIAN MATAO”, seguramente por una falta de previsión.

12.2.03

COFRADES COMPROMETIDOS


Hace varios meses mi amigo, e impenitente estudioso de todos los fenómenos que forman parte de la Semana Santa, Rafael J. Merelo Guervós, me enviaba una especie de profecías en las que aventuraba el futuro de la Semana Santa ubetense. Concretamente explicaba, en su escrito, cómo sería la Semana Santa de nuestra ciudad a la vuelta de 10 años; en el año 2013.

Rafael, (que no Rappel), se metía un poco a futurólogo seguramente tras calibrar los riesgos que conlleva el realizar predicciones a tan largo plazo y habiendo sopesado los estrambóticos designios de bastantes dirigentes cofradieros, que tan pronto dejan a una cofradía anclada en el pasado por muchos años, como realizan una singladura que la hace llegar al más insospechado de los puertos. La rumorología cofrade ubedí es actualmente de lo más variado y mi amigo Rafa se ha dejado llevar, seguramente, por esos cantos de sirena que vaticinan cambios transcendentales a medio plazo. Examinando el listado de novedades, se puede afirmar que éste sigue al pie de la letra la más pura ortodoxia de esas predicciones que, con la llegada de un nuevo año, los videntes “más prestigiosos” realizan en todas la cadenas de televisión y emisoras de radio. Existen vaticinios que tienen cierta lógica, aquellos en los que siempre se acierta y que sirven para aumentar la autoestima del vidente una vez cumplidos. Luego se formulan algunos “disparates”. Si no se aciertan no pasa nada porque nadie se acuerda de ellos pero, si se llegan a cumplir, son un bombazo que aumenta el “caché” del vidente.

Como puede deducirse del anterior párrafo, estoy de acuerdo con muchas de esas predicciones y otras me parecen descabelladas aunque existe un comentario al final del texto que me ha hecho reflexionar y en el que coincido plenamente con Rafael. Dice mi amigo: “sobre todo, la profecía que espero ver cumplida, aunque lo dudo, es que haya más cofrades comprometidos, que son los que mueven y moverán nuestras cofradías”. No veo claro el aumento de los cofrades comprometidos, aunque dicho aumento fuese muy deseable.

Pero ¿qué es un cofrade comprometido?. En principio, y a pesar de su escasez, creo que existen tres tipos de cofrades comprometidos: los que se comprometen con su cofradía, los que se comprometen con la Iglesia y los que se comprometen con ambas cosas.

Aquellos que se comprometen con su cofradía lo hacen, en líneas generales, para colaborar en todo lo que es parafernalia “semanasantera”. Colaboran con la organización de actos, eventos, procesiones, fiestas y demás acontecimientos de cara a la galería, dando una enorme importancia a todo lo externo.

Quienes se comprometen con la Iglesia es posible que colaboren en las anteriores tareas pero se inclinan más por participar y propiciar actos de culto, programas de formación y tareas solidarias en beneficio de los más desfavorecidos. Ven como fundamental la labor social de las cofradías y prefieren destinar los fondos a estas cuestiones antes que a un desmesurado incremento del patrimonio.

Los que se comprometen en ambos sentidos son una especie en vías de extinción.

Con todo, y sin profundizar en el sentido de su compromiso, es escaso el número de cofrades con el que se puede contar para “mover” nuestras cofradías. De ello existen decenas de ejemplos. De los aproximadamente 10.000 cofrades que hay en Úbeda, seguramente no más de 500 ó 600 son los que engrasan la maquinaria de la Semana Santa. Uno se harta de ver siempre a las mismas personas en los mismos lugares, durante años. No se harta por los que están sino por los que no están, por los que pagan su cuota y se desentienden. El compromiso que conlleva el pagar una cuota es cero.

En determinados casos se hace muy cuesta arriba el funcionamiento de la mayoría de las actividades en las que participa una hermandad. Montar y gestionar una caseta de feria viene a ser una empresa casi imposible como lo es llevar una nutrida representación de hermanos en la procesión del Corpus o confeccionar una carroza para la romería de la Virgen de Guadalupe. De la organización y asistencia a los actos de carácter formativo, no quiero ni hablar.

Lo malo de todo este asunto es que la gente “de siempre” se va quemando. Hace años la actividad cofrade se reducía a la cuaresma y poco más. Hoy la vida cofrade late durante todo el año. Cada vez es tarea más compleja la de contar con personas para formar parte de una junta directiva y son muy pocos quienes quieren asumir el compromiso de dar testimonio de fe a través de las cofradías, porque las exigencias son cada día mayores.

En esta tesitura, si no encontramos incentivos para que el número de cofrades comprometidos no decaiga, llegaremos de forma irremediable a una esquematización de las cofradías, que se limitará al día de la procesión. Entonces habrán dejado de tener sentido.

 
Free counter and web stats