17.10.08

PIZARRO INTENTA MATAR AL MENSAJERO

A don Juan Pizarro le ha sentado mal la columna de opinión que ayer redacté para Radio Úbeda y que puede leerse más abajo. Tan mal le ha sentado que ha aparecido por la emisora para despacharse a su gusto conmigo. Atónito he escuchado hoy sus declaraciones a “Hora 14 Úbeda” en las que, a falta de argumentos contundentes, ha venido a decir que lo que hago en esa columna es defender a mis amigos, en referencia a parte del grupo de opositores que le ha salido en el PP local.

A mi Pizarro no me conoce. Si lo hiciese sabría que soy una persona libre e independiente, carente de ataduras y que procura emitir sus opiniones desde la objetividad y la mesura. Sin agresividad. Se equivoca al pensar que he sacado la cara por “mis amigos”. De los que nombro en ese texto el único al que considero amigo es a Antonio Jimena, un hombre que fue un buen concejal, que abandonó la política salpicado por la basura que ésta genera y a cuyos puestos de cabeza no quiere ahora volver. Lo ha pasado muy mal. Con Pepe Robles y Francisco Jurado he hablado tres veces en mi vida y siempre ha sido por asuntos cofrades. Una vez, en una cena, coincidí con Antonio Martínez Espejo y no lo he vuelto a ver más. A José Manuel Gómez no sería capaz de identificarlo físicamente si me lo encontrase por la calle. ¡Esos son “mis amigos”! Que no sean amigos míos no implica que no conozca su trayectoria política, por ser pública.

Acosado por los resultados, que se le están volviendo en contra, Pizarro, que no sabe que llevo 27 años enseñando Lengua y Literatura, me acusa de desconocer el significado de la palabra “felonía”, que es como califiqué su actitud con respecto a Fernández de Moya el cual, según me han contado bastantes militantes del PP, fue quien propició la candidatura de Pizarro al Parlamento de Andalucía. Según el D.R.A.E. la palabra felonía significa deslealtad, traición o acción fea. Descartando los dos primeros significados, que me parecen los más duros, creo que nadie negará que es una acción muy fea la de morder la mano que le dio de comer (es metafórico porque sé que don Juan no necesita la política para comer).

Con Pizarro, que hasta hace poco me parecía una buena persona, he sido educado y condescendiente y he medido mucho mis palabras para jamás faltarle al respeto. He sido muy prudente porque, como ubetense, tal vez hubiese debido pedir su dimisión, tras el descalabro electoral que sufrió en las pasadas elecciones locales y, sin embargo, utilizando una expresión eufemística, me he limitado a apuntar que creo que ya no tiene nada más que decir a nivel local. Es mi opinión e imagino que será tan respetable como la de cualquiera. Mi columna era sólo un análisis político y creo que un político, con tantos años de experiencia, debe saber encajar las disensiones y tener un poco más de cintura.

Entiendo que debe estar nervioso y dolido porque, entre otras cosas, debe de ser muy duro para él leer, en el Diario Jaén de hoy, que necesita “un milagro” (es literal) para reunir, en apenas un mes, los 223 compromisarios necesarios para que su candidatura prospere. Se siente tocado e intenta matar al mensajero cebándose en alguien como yo que, afortunadamente, ni pertenezco, ni he pertenecido a su partido, además de no ser votante ni simpatizante del mismo.

Era sólo eso: dejarle claro que no defiendo a mis amigos porque no lo son y avisarlo de que, como no quiero entrar en un círculo vicioso, doy por zanjado este tema. No volveré sobre él a no ser que las cosas pasen de castaño oscuro.

15.10.08

DIVISIONES EN EL PP LOCAL

He tenido que cambiar, sobre la marcha, la temática del artículo de opinión de hoy porque me han parecido apasionantes los acontecimientos que se están viviendo en el Partido Popular de Úbeda. Seguro que puedo equivocarme en el análisis de la situación, porque desconozco el funcionamiento interno de los partidos políticos, aunque siempre he tenido la sensación de que, en el fondo, se trata de un “quítate tú que me pongo yo”.

Como sabrán ustedes, Pizarro ha presentado candidatura para hacerse con las riendas del PP provincial y desbancar a Fernández de Moya, que también se presenta. El que fuera alcalde de Úbeda se las prometía muy felices porque creía que en el seno del PP local nadie iba a hacerle sombra, presentando una lista de compromisarios para asistir al próximo congreso, pero se equivocó. Es posible que esta lista de “díscolos”, como los llama Pizarro, no triunfe en la votación local pero eso no importa tanto. De la lista lo que me ha llamado la atención es que está compuesta por algunos prestigiosos nombres de la política “ubedí” y me pregunto con quiénes se habrá quedado Pizarro. Dicen que Antonio Martínez Espejo es uno de los “díscolos” aunque, por sus intervenciones en las tertulias de Radio Úbeda, no da esa impresión. En todo caso creo que se trata de un hombre sensato, bien preparado, muy documentado y, por su veteranía política, curtido en mil batallas. Hombre recto y de criterio firme, se trata de un activo dilapidado, que hoy por hoy continúa su particular travesía del desierto. Otro de los levantiscos es el ex concejal Antonio Jimena de quien gentes de todos los signos políticos coinciden en afirmar que hizo una gran labor en el ayuntamiento, al frente de cultura y fiestas. A éste le pronostiqué que volvería por sus fueros: quien vale vale. A Pepe Robles, otro de los rebeldes, lo añora la policía local por el buen trabajo que realizó con este colectivo y porque entre Clemente y Robles no hay color. Todo lo que tiene de introvertido y prudente el desobediente Francisco Jurado lo tiene también de trabajador y de eficaz. Para terminar con los indisciplinados creo que es de justicia reconocer que el joven abogado “Gumi” fue un buen concejal y sigue siendo un hombre con criterio propio. Tal vez por eso haya tenido que pasar este tiempo en la acera de enfrente. Son sólo unos cuantos botones de muestra, que sirven para vislumbrar el grado de experiencia y preparación que tiene el grupo de los que se han salido del redil.

Tras las pasadas elecciones locales pensaba yo que Pizarro se batía en retirada, con buen criterio, pero veo que no. Debe ser cierto eso que cuentan de “la erótica del poder”. No pensé que estuviese acabado como político pero sí que ya no tenía nada más que decir a nivel local y que debería marcharse a su dorado retiro del Parlamento de Andalucía. Tras la felonía de oponerse al “oficialismo” ya no le va a quedar ni eso. Acaba de hacerse el haraquiri político. No me explico cómo no se ha dado cuenta. No entiendo cómo no se ha percatado de que oponerse a la corriente oficial es entrar en una lucha desigual. Encima le han crecido los enanos y gente que se amamantó de sus pechos políticos, ahora se le revuelve y lo niega.

Ya lo he dicho. Yo no entiendo de estas cosas. Los caminos del poder son inescrutables y no comprendo cómo alguien decide suicidarse, políticamente hablando, ni qué intereses mueven a quienes han sido sus aliados para pasarse al otro bando. Será por esta ignorancia mía por lo que el tema me parece apasionante.

Seguiré de cerca el congreso provincial para comprobar de qué calibre es el descalabro pero, sobre todo, para ver por dónde se ha quedado esa gran persona y honesto político que es Ramón Martínez Arias. Ya que no lo veo entre los “díscolos”, espero que por lo menos estas escaramuzas le hayan pillado en tierra de nadie.

 
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