A don Juan Pizarro le ha sentado mal la columna de opinión que ayer redacté para Radio Úbeda y que puede leerse más abajo. Tan mal le ha sentado que ha aparecido por la emisora para despacharse a su gusto conmigo. Atónito he escuchado hoy sus declaraciones a “Hora 14 Úbeda” en las que, a falta de argumentos contundentes, ha venido a decir que lo que hago en esa columna es defender a mis amigos, en referencia a parte del grupo de opositores que le ha salido en el PP local.
A mi Pizarro no me conoce. Si lo hiciese sabría que soy una persona libre e independiente, carente de ataduras y que procura emitir sus opiniones desde la objetividad y la mesura. Sin agresividad. Se equivoca al pensar que he sacado la cara por “mis amigos”. De los que nombro en ese texto el único al que considero amigo es a Antonio Jimena, un hombre que fue un buen concejal, que abandonó la política salpicado por la basura que ésta genera y a cuyos puestos de cabeza no quiere ahora volver. Lo ha pasado muy mal. Con Pepe Robles y Francisco Jurado he hablado tres veces en mi vida y siempre ha sido por asuntos cofrades. Una vez, en una cena, coincidí con Antonio Martínez Espejo y no lo he vuelto a ver más. A José Manuel Gómez no sería capaz de identificarlo físicamente si me lo encontrase por la calle. ¡Esos son “mis amigos”! Que no sean amigos míos no implica que no conozca su trayectoria política, por ser pública.
Acosado por los resultados, que se le están volviendo en contra, Pizarro, que no sabe que llevo 27 años enseñando Lengua y Literatura, me acusa de desconocer el significado de la palabra “felonía”, que es como califiqué su actitud con respecto a Fernández de Moya el cual, según me han contado bastantes militantes del PP, fue quien propició la candidatura de Pizarro al Parlamento de Andalucía. Según el D.R.A.E. la palabra felonía significa deslealtad, traición o acción fea. Descartando los dos primeros significados, que me parecen los más duros, creo que nadie negará que es una acción muy fea la de morder la mano que le dio de comer (es metafórico porque sé que don Juan no necesita la política para comer).
Con Pizarro, que hasta hace poco me parecía una buena persona, he sido educado y condescendiente y he medido mucho mis palabras para jamás faltarle al respeto. He sido muy prudente porque, como ubetense, tal vez hubiese debido pedir su dimisión, tras el descalabro electoral que sufrió en las pasadas elecciones locales y, sin embargo, utilizando una expresión eufemística, me he limitado a apuntar que creo que ya no tiene nada más que decir a nivel local. Es mi opinión e imagino que será tan respetable como la de cualquiera. Mi columna era sólo un análisis político y creo que un político, con tantos años de experiencia, debe saber encajar las disensiones y tener un poco más de cintura.
Entiendo que debe estar nervioso y dolido porque, entre otras cosas, debe de ser muy duro para él leer, en el Diario Jaén de hoy, que necesita “un milagro” (es literal) para reunir, en apenas un mes, los 223 compromisarios necesarios para que su candidatura prospere. Se siente tocado e intenta matar al mensajero cebándose en alguien como yo que, afortunadamente, ni pertenezco, ni he pertenecido a su partido, además de no ser votante ni simpatizante del mismo.
Era sólo eso: dejarle claro que no defiendo a mis amigos porque no lo son y avisarlo de que, como no quiero entrar en un círculo vicioso, doy por zanjado este tema. No volveré sobre él a no ser que las cosas pasen de castaño oscuro.
Cuando el Presidente Obama telefoneó a Zapatero para informarlo de que España llevaba tiempo dando la nota en los mercados financieros internacionales y para comunicarle las medidas de reducción del gasto que debía adoptar, si no quería sacar a nuestro país del euro y hundirlo en el fango de la ruina económica, yo ya me temí lo peor. Pensé en que seguramente se acordaría de los funcionarios, “que ganamos mucho y trabajamos poco”, pero eso no me importó demasiado porque los funcionarios llevamos varios lustros perdiendo poder adquisitivo de manera escandalosa y ya estamos acostumbrados a que la Hacienda Pública asalte nuestra cartera con el descaro de quien sabe que nuestra nómina es fija y además transparente, con lo que desvalijarla con cierta periodicidad se ha convertido ya en toda una rutina. No se me pasó por la cabeza que el socialismo gobernante se atreviese con la exigua cartilla de los pobres pensionistas, porque estoy convencido de que quienes han dado una parte de su vida en...
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Saludos.