10.3.04

HA MUERTO PEPE MENDOZA


El pasado 1 de marzo fallecía don José Mendoza Corzo. Unos días antes, lo había atropellado un ciclomotor en la Avd. de Cristóbal Cantero y no consiguió superar las heridas causadas por aquel terrible accidente. A punto de cerrar esta edición, no he querido dejar de plasmar en nuestra revista unas líneas de despedida por nuestro amigo Pepe Mendoza. El fue durante muchos años Secretario de nuestra cofradía. Allá por la década de los setenta y principios de los ochenta, desde su oficina de “Hijos de Ildefonso Navarro”, en la Avd. de Ramón y Cajal, Pepe atendía, con solicitud, a cualquier cofrade o a aquel que quisiese ingresar en nuestra hermandad. Fueron muchas las horas de tertulia que, junto a su padre (cofrade ejemplar), pasamos en ese lugar y por aquellos tiempos.

Pepe era mi amigo, era amigo de todos, fue un buen hombre, una excelente persona que, en ocasiones, bordeaba la ingenuidad. Se cuidaba, era profundo amante de la naturaleza y “estaba hecho un chaval”. Hubiese podido hacerse muy viejo pero el destino lo esperaba al borde de un problemático paso de peatones.

Desde hace años no vestía la túnica pero, cada Jueves Santo, nos acompañaba antes de salir la procesión y nos lo encontrábamos en cada rincón de nuestro recorrido procesional. Es de justicia concederle un papel importante en la cofradía y reconocer que ha dejado un hueco que no va a llenar nadie. Era una persona entrañable e irrepetible.

El fue quien, en 1975, me dio de alta en la cofradía y, paradojas de la vida, hace unos días, como Secretario que soy de la hermandad, no me quedó otro remedio que dar de baja a mi amigo del fichero de cofrades en activo. Lo hice con una inmensa tristeza y pensando que un día, no sabemos si cercano, alguien hará conmigo lo mismo. Cuando ese momento llegue estoy seguro de que me encontraré con Pepe Mendoza en el Huerto eterno del más allá. Descansa en paz amigo.

9.3.04

COFRADES ENTRE PUCHEROS

Puede decirse que Gethsemaní forma ya parte de la memoria histórica de la cofradía. En sus páginas se plasman hechos y opiniones que, en un futuro, ayudarán a conocer la evolución de la hermandad a lo largo de los años. Dentro de algún tiempo los estudiosos de la Semana Santa podrán consultarla y, completando datos con nuestros libros de actas y el balance que anualmente hacemos en el Anuario “Úbeda, Imagen y Palabra”, llegarán a conclusiones alejadas de cualquier margen de error. Como estos tres elementos se han convertido en los biógrafos de nuestra cofradía, es importante dejar en ellos constancia escrita de todo. No quería, pues, dejar pasar este año sin que quedase escrito algo sobre uno de los capítulos que menos se ha tratado. Me refiero a todo lo relacionado con nuestra caseta de feria y, en especial, al trabajo de las mujeres en su cocina. Se trata de una labor fundamental, silenciosa y casi anónima.

Desde la barra nosotros pedimos. Pedir es muy fácil no lo es tanto dar y son ellas quienes tienen que darnos los platos que han elaborado, si es posible en un tiempo record, para poder atender las demandas del cliente hambriento y, normalmente, impaciente.

Nuestras mujeres pasan el día de pie, entre pucheros, calor y humos. Son las primeras que empiezan a trabajar y las últimas en marcharse. En muchos casos, porque alguien se cae de la lista de forma inesperada y a última hora, las encontramos en número insuficiente para el trabajo que tienen que desarrollar y todavía les queda amabilidad, y una sonrisa en la boca, para ofrecerte algo de comer cuando, a deshoras, ellas todavía no lo han hecho.

Esas mujeres son el “alma mater” de la caseta, aunque tal vez sería más exacto afirmar que son el “alma mater” de la cofradía, de una cofradía que si no fuera por los ingresos que ellas se trabajan, no podría garantizar las obras de caridad ni la conservación e incremento del patrimonio artístico.

¡ Lástima que existan tan pocas mujeres dispuestas a trabajar, desinteresadamente, por la causa en la que creen !. ¡ Qué pena que algunas de ellas tengan que acudir a la cocina varios días durante la feria !. Con esa calidad humana que tienen nuestras hermanas de cofradía, si no fuesen tan reticentes a ciertas cosas... ¿quién nos iba a parar?.

 
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