2.12.14

HACIENDA NO SOMOS TODOS



Ayer recibí un requerimiento de la Agencia Tributaria en el que se me pide justifique mi deducción de una hipoteca, de mi primera vivienda, que realicé en el ejercicio 2013 en la declaración del IRPF (afortunadamente hoy por hoy no tengo hipoteca alguna). Me piden bastante documentación, (escritura de la casa, de la hipoteca y hasta un certificado que demuestre que se trata de la vivienda en la que resido, entre otras cosas), la cual he pasado a formato PDF porque no puedo perder un día de trabajo para ir a Úbeda y he decido presentar lo que se me pide a través de Internet (de hecho el requerimiento me llegó ayer y acabo de presentarlo todo, ahora mismo, de manera telemática).

Una vez tuve la documentación en formato digital, llamé a la Agencia Tributaria para verificar que eso era exactamente lo que me pedían y la señora que me atendió me dijo que tendría que enviar bastantes documentos más, a pesar de que esos documentos no se me requieren en la carta que la Agencia me mandó. Me resultó inaudito.

A nivel tributario yo soy una persona “poco compleja”. El único ingreso que tengo es el que, por mi trabajo, me paga la Consejería de Educación y la única deducción que tuve en mi vida fue la de la hipoteca de mi vivienda habitual. Jamás he hecho una trampa, ni he intentado colar asuntos que no eran legales. Ha sido así durante las quince últimas Declaraciones de la Renta y ahora se ponen en contacto conmigo para ahorrarse un dinero que seguramente el Estado ha despilfarrado: los quinientos y pico euros que tienen que devolverme, correspondientes al último ejercicio.

He presentado, en tiempo record, todo lo que se me pide en el escrito en el que se me requiere, pero tengo la impresión de que este asunto me dará más quebraderos de cabeza, a tenor de la situación económica del país, cuyas arcas están vacías.

Todas estas cuestiones burocráticas (que me desbordan), así como el hecho de que mi honestidad se ponga en tela de juicio, me han llevado en las últimas veinticuatro horas a reflexionar sobre el funcionamiento de la Administración Pública y sobre el trato que ésta dispensa a ciudadanos cuyas finanzas son sencillas y transparentes. No tengo nada que ocultar y nunca lo he tenido, sin embargo me investigan por algo que ellos de antemano conocen, dado que poseen todos los datos.

Resulta muy sencillo tirar de expedientes de ciudadanos como yo, a quienes tienen controlados desde tiempo inmemorial, en lugar de investigar las enormes bolsas de fraude existentes en nuestro país, con empresas interpuestas, que tapan las fechorías de otras empresas o con esas otras que desaparecen y se dan de alta con otro nombre y otros datos, por poner sólo un par de ejemplos simples y que conozco.

Uno se siente desamparado e indignado, al comprobar en persona que molestan a la gente que cumple con sus obligaciones de todo tipo, mientras que los “listos” se van de rositas y nosotros somos los que corremos con los gastos de la fiesta.

Me queda claro que Hacienda no somos todos. Hacienda somos “los tontos” que presentamos la documentación que se nos pide en poco más de veinticuatro horas, los que declaramos hasta el último euro que percibimos y a los que se nos queda cara de idiotas cuando no entendemos cómo se nos pueden requerir documentos de hace quince años y cuyos datos seguramente Hacienda posee en sus archivos.

Por todo ello voy a esperar a que se me conteste y si no se hace a mi favor, voy a dar la batalla, aunque sólo sea para que no se nos trate como a tontos.

4.11.14

HACIENDO COLA



Todos estamos en la lista, estamos haciendo cola. La hacemos con cierto descuido, porque vemos a muchos delante y pensamos que aún no nos toca. Nos distraemos un poco y la cola ha corrido. Alguien ha llamado a más gente de la que era de esperar, según nuestros cálculos. Te fumas un cigarro, te tomas un café o charlas un poco con los amigos y, de manera sorpresiva, una voz al fondo pronuncia tu nombre. Tienes que irte. No hay excusas. No puedes despedirte de nadie. Te ha tocado y no lo esperabas. Los tuyos tampoco... El lunes estamos aquí, pero el martes podemos estar al otro lado. Quienes nos quedamos lo hacemos bien jodidos, pero a sabiendas de que hay que vivir y poner buena cara, porque esto no se acaba hasta que una voz nos llama desde la otra orilla. Hoy, con tu marcha, acaba definitivamente un capítulo de mi vida, se cierra una puerta que no se abrirá más, pero no te preocupes: siempre estarás en mi recuerdo. Nuestra familia, nuestra cofradía y tantas cosas, me traerán el recuerdo del tito Miguel. Nadie muere mientras lo sigamos queriendo, chache.

29.10.14

ESCUELA DE MAGISTERIO SAFA: MEMORIA VIVA



Acabo de ver este vídeo. El programa me ha parecido muy interesante. Elegir la temática de "Memoria Viva" no debe ser muy complejo, porque en Úbeda tenemos muchas de esas memorias, pero seleccionar a los personajes, para proyectar una imagen real y auténtica de la temática tratada sí que lo es y Mari Tere Ortiz Fernández ha sabido escogerlos con maestría. Tres han sido las épocas de la Escuela de Magisterio SAFA que han quedado fielmente retratadas en esos cincuenta y tantos minutos de vídeo. Yo, por mi edad, me identifico con la primera (aunque tampoco fue exactamente la mía), pero sobre todo me identifico con las palabras y la insistente reivindicación de Sebastián López González (DON SEBASTIÁN, con mayúsculas), que ha querido dejar patente la gran obra del Padre Villoslada, que quiso favorecer a las clases sociales más desfavorecidas acercándolas a la cultura y a una formación integral, que jamás hubiesen conseguido en los ambientes modestos de sus perdidos pueblos. Gracias por el programa y gracias, sobre todo, por haber acertado plenamente con la selección de los intervinientes.


23.10.14

"NICOLASES"



La gente le ríe la gracia al tal Francisco Nicolás Gómez Iglesias ("pequeño Nicolás", lo llaman). A mí, en realidad, no me hace gracia ninguna. Me parece un sinvergüenza y un farsante, un tipo sin ética y sin moral, un vividor, un fraude y un individuo sin escrúpulos. Si ya lo es, cuando todavía no ha salido del cascarón, no quiero imaginarme en lo que puede convertirse con, por ejemplo, veinte años más. Me pregunto si hay muchos tipos como éste en un país, como el nuestro, plagado de pícaros. Si les damos cancha, volveremos a tener una generación de dirigentes corruptos, deshonestos e indecentes. Si no los arrinconamos, los desprestigiamos, los catalogamos como merecen y los arrancamos de raíz, como si de una mala hierba se tratase, España seguirá siendo un país de conseguidores y de truhanes de los que nuestros hijos serán víctimas, como hoy lo somos nosotros de una clase dirigente, (no sólo hablo de políticos), mayoritariamente corrupta.

7.7.14

PRIMARIAS EN EL PSOE





He estado viendo, en directo, la rueda de prensa de los candidatos a la secretaría general del PSOE. Ha sido una rueda de prensa, porque el debate no ha existido. Cada cual ha soltado su rollo, previamente cocinado, y no ha interactuado con los otros rivales. Los tres candidatos han demostrado que son compañeros de partido y no se han querido hacer sangre. Sólo se ha visto guante blanco.

Al terminar la puesta en escena me he sentido orgulloso de tener tres compatriotas con tan buenos principios, con tan limpias intenciones y con la firme decisión de tratar de recuperar los derechos perdidos en los últimos años (ya va a ser complicado). De buena gana les hubiera dado a cada uno un abrazo y un beso, aunque me hubiera pensado si hacerlo con Madina, contaminado por su complicidad con Zapatero, aunque ahora intente desmarcarse de su reciente pasado.

Terminado el acto he bajado a la cruda realidad y he recordado, con enorme desazón, que quienes se situaban tras los atriles eran tres políticos (dos de ellos profesionales) y que estos tienen como principal atributo el de saber mentir con descaro. Total que de lo dicho nada, que todo ha vuelto a ser una tomadura de pelo para conseguir colocarse y que esto lo arreglamos los ciudadanos o no lo arregla nadie.

Ninguno me ha convencido pero el que más me ha gustado ha sido Pérez Tapias. Claro que no deja de ser un político.

1.7.14

BANCOS



Hoy he estado en BMN (antes Caja Granada). Iba a decir "he estado en mi banco", pero ya no es mi banco. Antes conocía a todos sus empleados (cuando eran caja). Llevaban allí toda la vida y hasta conocían de memoria mi número de cuenta. Ahora es un banco sin alma, en el que cambian a los empleados con cierta frecuencia y en el que intentan cobrarte una comisión hasta por respirar. He ido a sacar dinero y he estado en la cola durante más de tres cuartos de hora, porque una sola persona atiende al público. La segunda empleada es la directora que, en su despacho, atiende otros asuntos. No voy a quejarme por la larga espera. Estoy de vacaciones y no tengo ninguna prisa. Además los empleados no son los culpables del deficiente funcionamiento de la oficina. Hoy, como ciudadano, quiero quejarme de lo explotados que están los empleados de banca, de la tensión que tienen que soportar a diario. Me da asco, me repugna, el ver a las empresas explotar a sus trabajadores hasta límites que causan rabia. Siento verdadero rechazo por este sistema, que rescata a los bancos con dinero público, a cambio de nada. Siento una enorme rabia cada vez que los veo exprimir a sus empleados hasta la enfermedad, con tal de engordar sus cuentas de resultados, siempre con la amenaza del despido y con horarios que cada vez se alargan y se alargan, con menos derechos y con menor sueldo. La Europa que explota a los trabajadores, hasta que consigue que enfermen de ansiedad, no es la Europa por la que muchos hemos luchado, no es la Europa que queremos. La banca que se aprovecha de los rescates, del dinero fresco y gratuito y que hunde a sus empleados en la depresión y el desasosiego, no merece que la reflotemos. Sólo merece nuestro desprecio. Pero ojo: que no se nos olvide que la banca no es un ente anónimo. En cada consejo de administración hay hombres y mujeres con nombres y apellidos. Contra ellos es contra quien tenemos que luchar.

20.6.14

LA DERNIÈRE DANSE



Esta historia comenzó durante el verano de 2012, hace ahora dos años. Por entonces empecé a plantearme el dejar de dar clase a los mayores, llevaba muchos años haciéndolo, para pasarme a 1º de Primaria. Recuerdo que estuve evaluando las ventajas y los inconvenientes de ese drástico cambio, durante casi todo ese verano. Aunque las decisiones profesionales siempre las he adoptado en solitario, decidí comentar el tema con mi mujer. Por deformación profesional directamente me lo desaconsejó. Me dijo que, por la edad de los niños y por las actividades a desarrollar en el aula, mi cercanía física a los alumnos sería mucho mayor y que, a esas edades, siempre andan con resfriados y con mocos. Me comentó que corría el riesgo de pasarme el curso resfriado y tosiendo, que mi salud posiblemente se resentiría, que no merecía la pena asumir el riesgo.
Yo estaba convencido de que tenía que dar un giro a mi trabajo. Hace 14 años decidí abandonar la Educación Permanente de Adultos porque, tras 12 años en ese nivel, me di cuenta de que mi esfuerzo y mi dedicación ya eran en vano. En aquel verano de 2012 me sucedió algo parecido: sentía que mi trabajo se había vuelto monótono y que no me ilusionaba. Entonces lo que quería era cambiar, salir de esa monotonía, probarme a mí mismo, porque mientras más pequeños son los alumnos mayor es la influencia del maestro en su desarrollo personal y mejores y más visibles son los frutos de tu propio trabajo. Ya se sabe que los mayores tienen más autonomía y que en sus éxitos académicos un alto porcentaje depende de ellos. Tú eres algo así como un moderador, como un director de orquesta, alguien imprescindible pero que tiene una menor influencia en el proceso.
Ya he dicho que también quería probarme. Con 30 años de servicio como docente, la veteranía y la experiencia me aportaban el control casi absoluto sobre lo que estaba haciendo, sobre mi trabajo, pero sentía curiosidad por saber si me estaba anquilosando, si me había acomodado o si, por el contrario, era capaz de asumir nuevos retos con plenas garantías de éxito. Quería volver a tener la sensación de estar vivo, de llegar ilusionado a mi trabajo cada mañana y me había propuesto, perdóneseme la petulancia, arrimar el hombro y aportar mi pequeño esfuerzo, para ayudar a ir sacando del pozo a un país hundido en una salvaje crisis de todo tipo. Pasaba por una experiencia vital profunda y quería someterme a una especie de catarsis de la que salir psicológica y profesionalmente reforzado. Lo cierto es que nunca sentí el temor al fracaso, pero sí confesaré ahora que tuve mis dudas. Ya sé que los experimentos sólo deben hacerse con gaseosa, pero ¿por qué no iban a quedarme vestigios de la fuerza y de las ganas que tuve cuando empecé siendo un joven? Ahora, además, contaba con una enorme experiencia.
En septiembre me asignaron un 1º, ante la sorpresa de muchos. Los primeros sorprendidos fueron los padres, pero sobre todo las madres, de los que iban a ser mis alumnos y mis alumnas. Como nada puede permanecer oculto por mucho tiempo, supe que no estaban muy conformes con que el maestro de sus hijos fuese un hombre, que además tenía fama de ser muy serio. Venían de pasar 3 años con una “seño”, en la que los niños veían reflejada a la figura materna y cambiarla ahora por un tipo serio y estirado no podía ser bueno, supongo que pensarían. A mí me daba bastante igual y no me importó hacer de madre, hacer de “seño” y de todo lo que fuese preciso para llevar a los alumnos a mi terreno y una vez en él, ganarme su confianza y su estima para hacerlos trabajar duro, pero sin que se sintiesen presionados en exceso, para que se viesen obligados a darme, cada día, la satisfacción de que ellos habían cumplido con su parte de lo pactado, con su parte de ese duro trabajo que desarrollábamos en el aula.
Empezó el curso y los primeros pronósticos de mi mujer comenzaron a cumplirse. Me pasé todo el primer trimestre y una gran parte del segundo, con muchos mocos y con tos, algo que nunca me había pasado, porque los niños y las niñas tenían que leer en mi mesa a diario y entre mocos, toses y estornudos me iban dejando los virus que habían encontrado por ahí. Solía llegar a casa como si un tren me hubiese pasado por encima. Yo nunca me quejé, ni siquiera cuando, machaconamente, mi mujer me repetía: “tómate esta pastilla. ¿Lo ves? Te lo dije…”
Ahora van a cumplirse 2 años del comienzo de aquella aventura y sólo puedo hacer un balance positivo. Hemos tenido luces y sombras y la vida nos ha dado alguna puñalada trapera, cuyas cicatrices permanecerán para siempre. Perder a un alumno, cuando todavía no había cumplido los 7 años, es algo que no deseo a nadie. Ha sido muy duro comenzar el curso viendo la silla vacía de nuestro Jesús. Tuve que cambiar la configuración del aula, para que esa ausencia no se hiciese tan dolorosa, tan pesada y tan evidente. A edades en las que eso no corresponde, nos hemos visto obligados a tener que hablar sobre la muerte, sobre la injusta muerte de un ángel que ahora empezaba a vivir, porque los niños lo escrutan todo. Les he tenido que explicar que veo a Jesús, cada noche, en una de las estrellas que más brillan en el firmamento, les he contado que hablo con él casi cada día y Jesús ha permanecido entre nosotros con la naturalidad del que vive, porque nadie muere mientras haya alguien en este mundo que lo siga recordando con cariño.
No ha sido, como no lo es ninguno, un grupo homogéneo. La mayoría ha conseguido alcanzar los objetivos que se marcan para el nivel y todos están en disposición de conseguirlo si ponen de su parte. En ocasiones ha fallado la supervisión de la familia, seguramente habré fallado yo pero siempre he puesto el mayor de los esfuerzos al servicio de mis alumnos, (a fin de cuentas un funcionario debe ser un servidor público), así que hoy no me reprocho nada.
Independientemente de lo instrumental, he procurado enseñar a mis alumnos a pensar por su propia cuenta, a ser críticos, a no dejarse manipular, a ser personas honestas, honradas y libres. Les he hablado de todo ello en multitud de ocasiones y les he insistido en la importancia del trabajo bien hecho, frente al valor que damos los españoles a la picaresca del mínimo esfuerzo, a la trampa y al parasitismo. Hemos hablado mucho de machismo, de violencia de género, de solidaridad, de igualdad entre sexos… Son niños, son pequeños, pero no son tontos. Sé que lo han entendido bien y que ahí queda ese poso que irán madurando a medida que vayan cumpliendo años. A ellas les he dicho que son las mejores, que son mejores que nosotros los hombres, que pueden hacer exactamente lo mismo que nosotros y una cosa más, que nosotros no podemos hacer (siempre se reían cuando se lo explicaba). Les he pedido que no se dejen avasallar, ni discriminar por motivos de sexo y he procurado dejar por las nubes su autoestima y hacer que se sientan orgullosas de ser las mujeres que en el futuro van a comerse el mundo. Cada vez estoy más convencido de que la educación no es sólo Lengua, Matemáticas o Conocimiento del Medio, que no es Inglés, Música o Educación Física. También es fundamental que, en la escuela, aprendan los valores que hagan cada vez mejor una sociedad democrática y moderna, como debe ser la nuestra.
Han pasado dos años y ya se marchan. Seguirán creciendo, pero yo siempre los recordaré como esos niños pequeños que me hicieron sentirme vivo. Para que siempre sigan así de pequeños, he colgado en la Red, (y ahí permanecerá para siempre), un vídeo con muchas de las imágenes que tomé desde el primer día en que llegaron a mi clase en septiembre de 2012. De fondo suena la música de uno de mis cantantes favoritos: Michel Sardou. La canción se titula “La dernière danse”, “El último baile”, traducido a nuestro idioma. La letra no tiene nada que ver con los niños, ni con la enseñanza, pero habla de un hombre que se despide, como yo me despido ahora. Esa letra explica cómo le gustaría a ese hombre que fuese su despedida. La mía va a ser alegre y optimista. Durante 4 años más nos seguiremos viendo en el patio del colegio y seguirán siendo “mis niños y mis niñas” y estoy seguro de que para ellos yo seguiré siendo “su maestro”.
Acaba el curso y casi como cada año mi mujer ha vuelto a preguntarme: “¿qué curso cogerás el año que viene?”. Yo no le he contestado. Simplemente me he limitado a guiñarle un ojo y a esbozar una sonrisa picarona. Estoy seguro de que me ha entendido. Ya puede ir preparándome los mucolíticos. Es lo que toca.


28.4.14

JESÚS NOS SALE AL PASO



José Luis del Castillo Vico llegó a la presidencia de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno sin hacer ruido, casi como un tapado. De él muchos pensábamos que desarrollaría un mandato continuista y gris, que dejaría las cosas como siempre habían estado, porque su carácter, introvertido y discreto, no daba mucho juego como para creer que otra cosa pudiese suceder. Configuró una junta directiva variopinta, en la que supo combinar la eficacia del cofrade currante con el aire fresco de quienes se apartaban de la ortodoxia cofrade que durante muchos años predominó en la hermandad. Pronto empezó a dar cancha a una juventud que jamás había tenido protagonismo en una cofradía vieja, no solamente por los siglos de antigüedad que la contemplan, sino por la mentalidad inmovilista de quienes siempre la gobernaron. Vigilándolos desde lejos, este hombre discreto fue asignando papeles a los jóvenes dentro de la hermandad, a sabiendas de que una cofradía envejecida lo único que puede hacer es anquilosarse y perder fuelle.
Poco a poco José Luis (y su junta) se fueron destapando y nos mostraron las íntimas fiestas dedicadas a San Juan Evangelista, el Belén navideño o los magníficos trabajos de su equipo de priostía traducidos, entre otras muchas cosas, en los excelentes altares que cada año, por enero y por el Corpus, nos regala la hermandad. Luego llegaría su participación, en las Fiestas del Renacimiento, algo impensable en una hermandad “seria”, así como otra serie de movimientos que han tenido como protagonista a la gente joven de la hermandad, una gente joven que siempre pareció no existir más que para ser la recadera y la ejecutora de todo lo que los directivos de Jesús habían previamente concebido.
Sin perder de vista la tradición y siempre intentando mejorar la presencia de la cofradía en la calle, con muy buen criterio se ha colocado a las penitronchas en un lugar de privilegio, a la vista de que se encontraba al borde de la extinción una seña de identidad que sólo lo era de la cofradía de Jesús. Luego vino la salida a costal de la Virgen de los Dolores, algo que levantó ampollas entre quienes de toda la vida hemos sido “unos clásicos”, pero que llegó a emocionarnos en el silencio de esa dorada madrugada de tulipas encendidas, cuando en Vázquez de Molina, aún bajo la oscuridad de la noche, sólo se escuchó el rachear de los pies de los costaleros y el latigazo fuerte de un llamador que nos estremeció el alma. La Virgen de los Dolores siempre tuvo escaso protagonismo en la hermandad, eclipsada por la fuerza de atracción que el Señor de Úbeda ejercía sobre los fieles, pero la nueva manera de vestirla, la solemnidad de los cultos que se le dedican y por descontado su salida a la calle, llevada por costaleros, la han colocado en un lugar privilegiado entre los hermanos de la cofradía. Todo cuenta a la hora de promocionar y de consolidar la devoción por una advocación, también los pequeños detalles y éste de la salida a costal no es menor.
Dentro de esa manera discreta y sin estruendos, pero firme, de gobernar la hermandad se enmarca la casi milagrosa recuperación de la Capilla de Jesús, ese reducto espiritual de nuestra ciudad al que muchos acudimos cuando la vida nos aprieta más de lo que podemos soportar. Hubo que moverse mucho para devolver a Santa María una de sus más preciadas joyas. Hubo que enfrentarse a administraciones y a empresas, a desmanes y a incomprensiones, pero la férrea voluntad de recuperar para Úbeda, (que no para la cofradía), la capilla de nuestro Nazareno nadie consiguió doblegarla y ahí está ese enclave principal del mundo cofrade ubetense, para recogimiento de quienes habíamos perdido toda esperanza de volver a verlo tal y como fue antaño.
Como uno de los síntomas de la ignorancia es el atrevimiento, Jesús no se libró de esa lacra de “restauraciones”  infamantes que la mayoría de nuestras imágenes ha sufrido. Un poco de masilla por aquí, un serrucho por allá y unos brochazos insensatos venían a tapar los estragos que el paso del tiempo y la falta de una adecuada conservación producían en las imágenes cuya integridad nuestras cofradías debían custodiar. ¿Qué hermandad no ha tenido un cofrade voluntarioso, un imaginero frustrado, que siempre se ofrecía para tapar aquellos desperfectos, con el visto bueno de la junta directiva? Lo de Jesús incluso fue peor, porque esa falta de respeto a la imagen original llegó de la mano de alguien que profesionalmente se dedicaba a la talla. Hoy, afortunadamente, aquella ignorancia se ha tornado en cautela y responsabilidad y una imagen no se toca sin unos estudios previos, realizados por profesionales de contrastada trayectoria. Es lo que han hecho las hermanas Esther y Laura Moreno con el Jesús de Jacinto Higueras, al que han despojado de parte de dudosas intervenciones, ya que algunas de ellas hoy se dan por irreversibles.
El traslado a Santa María de la imagen recién restaurada del Nazareno, supuso una prueba de fuego decisiva para refrendar su salida a costal, en esta Semana Santa que ya llega. Con muy buen criterio y no sin cierta intención, la cofradía lo había dispuesto todo para que nos pudiésemos hacer una idea de cómo aparecería Jesús ante nosotros, en la madrugada morada. Tras ver a la Virgen de los Dolores, a muchos ya no nos cabía ninguna duda de lo que va a suponer esa primera salida a costal del Cristo, pero nunca está de más realizar una especie de ensayo general que elimine desconfianzas y así debió de pensarlo la hermandad. Las andas que se utilizaban en los traslados fueron sustituidas por una parihuela y el hombro se cambió por el costal. El paso desacompasado y sin ritmo de quienes portaron a Jesús sobre aquellas andas, se cambió por la cadencia de unos corazones que eran conscientes de que estaban escribiendo parte de una importante historia.
Noviembre fue testigo del silencio, de la seriedad, de la austeridad y de la emoción contenida. Un mes tan poco cofrade nos devolvió a un Nazareno más humano, que marchó entre la multitud asombrada al igual que debió hacerlo camino del Calvario. La cofradía nos enseñó a un Jesús cercano, a ése que necesitamos que camine junto a nosotros en unos tiempos de ruina moral y económica, en los que recurrimos a Él con una mayor frecuencia.
A quienes nos irritan los alaridos extemporáneos del “homo hispalensis” que, con acento sureño, arenga a sus costaleros y solivianta a la multitud, nos queda la tranquilidad de que Claudio Díaz y su equipo saben bien lo que se traen entre manos, porque Jesús no es suyo, Jesús ni siquiera es de la cofradía, sino que pertenece a la memoria de miles de ubetenses devotos que lo han sido y lo siguen siendo a lo largo de los siglos. Traicionar el espíritu de la hermandad y el recuerdo de tantos y tantos ubetenses hubiese sido imperdonable.
Quienes amamos y recurrimos a esta advocación del Nazareno sólo queremos escuchar, en la madrugada del Viernes Santo, una campanilla, unos lamentos y un Miserere. Con esos sonidos de fondo, ver a Jesús caminar discretamente por las calles de nuestra ciudad, será como encontrarse a las mismas puertas de la Gloria.
El próximo Viernes Santo será el propio Jesús el que nos salga al paso, el que nos busque entre la multitud, para reconfortarnos en el dolor y aliviar nuestra carga.
Cuando llegue febrero este hombre prudente, pero de enorme fe y de voluntad férrea, que es José Luis del Castillo, se marchará discretamente, tal y como llegó, habiendo sido fiel a su compromiso con la hermandad y sin haber trastocado un ápice sus señas de identidad. Dios se lo pague.

9.2.14

TREINTA AÑOS DE FIDELIDAD


Han sido treinta años de relación que ahora, desafortunadamente, acaban de concluir. La fidelidad siempre presidió esa relación, aunque he de reconocer que, como humano que es uno, alguna vez sentí la tentación de pecar, de echar una cana al aire, de cambiar de pareja, de probar nuevas sensaciones, de explorar otros mundos. Más que la honestidad, fue el hecho de evitarme una sensación de mala conciencia, el que me alejó de posibles aventuras y, aunque llegué a flaquear, jamás me atreví a hacerlo con alguien diferente. También estaba el miedo al hecho de que yo siempre tuve la certeza de que me descubriría, porque esas cosas se notan demasiado y es muy complicado mantenerlas ocultas.
Ya me advirtió que lo nuestro estaba tocando a su fin, que no podía alargarse más, que no se sostenía, pero yo nunca quise creer que así fuera, por lo que cuando la ruptura se ha consumado, el impacto ha sido mayor, aunque de todo sale uno.
Treinta años de fidelidad también me han enseñado que atarse a alguien, desde muy joven, con la intención de que sea para toda la vida, es una locura. Esos compromisos ya no se establecen hoy. Hoy la gente es mucho más promiscua y cambia de partenaire como el que cambia de chaqueta. El paso de los años me ha hecho desprenderme de muchos prejuicios y he llegado a la conclusión de que por haberle sido fiel he tenido que pagar mis peajes. Como uno no puede pasar sin determinadas cosas en esta vida, sé que volveré caer, pero esta vez lo haré con alguien que no me exija compromiso alguno y siempre que pueda cambiaré de pareja, porque de los errores se aprende y porque rectificar es de sabios.
La semana pasada todo se consumó. Era la crónica de una muerte anunciada. Cuando acudí de nuevo a su encuentro, en ese lugar que tan gratos recuerdos nos traía, me encontré con un frío cartel que decía: “Cerrado por jubilación. Se alquila este local”. Ya me había advertido Juan que se jubilaba, pero no me concretó la fecha y el leer aquel cartel me hizo cierta impresión.
Juan llegó a Cazorla hace treinta años, justo cuando yo llegué. En Cazorla abrió su flamante negocio de peluquería, con aires internacionales, al que puso el atractivo nombre de “Peluquería París”. Venía de formarse profesionalmente en Cataluña y traía aires nuevos, unos aires que se hacían patentes en la decoración exterior del local, así como en la modernidad de su mobiliario, un mobiliario que ni siquiera treinta años después ha llegado ha quedarse obsoleto. Yo entonces era un joven de veinticinco años, que ya había superado la etapa rebelde de la melena y necesitaba pelarme. Aquí, en Cazorla, por aquel tiempo sólo había barberías, en las que viejos barberos se dedicaban a rapar el pelo y a peinarlo casi “estilo mili” y aquello no iba conmigo. Además, para un chico de ciudad, que ya había estrenado la famosa peluquería ubetense “Dos Navajas” y que por aquel entonces ya se había permitido el lujo de hacerse una permanente en Francia, entrar en una barbería cazorleña era una vulgaridad. Así que me aboné a la “Peluquería París” y a la prudente conversación de Juan, una especie de psicólogo que jamás iniciaba una charla, porque para él era el cliente el que tenía que dar el primer paso. Aficionado a los toros y experto en tauromaquia, Juan era un hombre prudente a quien las varices en las piernas terminaron pasándole factura, por mor de tantas horas que pasó en pie. Ahora, con la edad reglamentaria de hoy (ya veremos lo que ocurre mañana), Juan acaba de acceder a esa merecida jubilación y yo me he quedado, de pronto, un poco huérfano. Durante los últimos treinta años sólo él me ha tocado el pelo, porque no soy ningún catacaldos y porque alguna vez lo he visto decir a algún cliente: “esto te lo ha tocado alguien”. Un buen profesional sabe si un trabajo lo ha hecho él o no y yo nunca quise pasar por el mal trago de que Juan me afrentara, descubriendo en público, alguna infidelidad. En muchos de mis viajes, cuando he estado ocioso, me ha venido mejor pelarme en otro sitio distinto al de Juan, pero siempre he vencido esa tentación, a sabiendas de que Juan terminaría por descubrirlo. En ese sentido todos los peluqueros son un poco puñeteros.
Ahora, ya más mayor, con muchos menos prejuicios y con menos vergüenza, según constata mi mujer, he decidido no atarme a ninguna peluquería. Sólo voy a buscar la comodidad y voy a liberarme de tener a alguien fijo, que incluso pueda pedirme explicaciones sobre hipotéticas infidelidades.
Ayer comencé con mi nueva vida. Volví, tras tres decenas de años, a entrar en “Dos Navajas”. El abrir la puerta me produjo una especie de mala conciencia, que desapareció cuando recordé que estaba allí porque mi amigo Juan ya goza de su júbilo y de su paguilla y que soy yo quien ahora tiene que buscarse la vida.
Ayer en “Dos Navajas”, mañana en Málaga y otro día en la peluquería cordobesa de mi hijo Jesús, tal vez algún día vuelva a hacerlo en París. He decidido llevar una vida licenciosa y casquivana y no volver a atarme a nada, ni a nadie. Esta vida tiene ya demasiadas ataduras.

6.1.14

TERMINA LA FUNCIÓN



Ya he vuelto de Córdoba, donde he dejado a mi hijo y a mi hija. Con mi mujer de guardia, la casa permanece silenciosa y extraña. Han estado aquí durante las vacaciones, como para recordarnos que ya sólo volverán, a la que siempre ha sido su casa, de manera temporal. En adelante será así: unos pocos días o unas pocas semanas y se marcharán. Otra etapa que cumplen y otra que cumplimos nosotros. Acaban de marcharse y ya los echo mucho de menos. Sé que en unos días terminaré por acostumbrarme, aunque no del todo.

En fin… supongo que  mis padres sentirían algo parecido cuando yo me marché de casa, aunque yo era un poco trasto y mis hijos están a años luz de lo que yo fui. Mi Ana Esperanza, tan cariñosa y con su pavo casi adolescente… Mi Jesús, con su sinceridad, su nobleza, sus despistes y su cabeza dura… y ambos muy buenos estudiantes y muy responsables.

Nada… que los echo mucho de menos y quería compartirlo con vosotros hoy que estoy solo. Era por desahogarme un poco.

Se acabó la Navidad. Hoy se baja el telón, se apagan los focos y termina la función. Que Dios me los cuide.

5.1.14

NOCHE DE REYES



La noche de la ilusión la llaman. Para algunos de nosotros sería una noche más, si no fuese porque nos alegramos con la felicidad de esos niños ajenos a quienes vemos mirar a los Reyes con cara de asombro. Estamos en tierra de nadie. Ni somos niños, que esperan a los Magos de Oriente, ni somos padres, que preparamos con amor y emoción los regalos de los hijos. Los nuestros ya están crecidos y creen en muy pocas cosas. Estamos en tierra de nadie. Lo hablaba esta tarde con un amigo. Nos queda esperar a los nietos para volver a ser protagonistas de los recuerdos que hoy ya no están. Cuando llegue ese momento supongo que seremos viejos. A ciertas edades todo nos cae mal: no ser niños, no ser padres y pensar en llegar a ser viejos. Es la vida, que pasa sin nuestro permiso, sin que nosotros le hayamos pedido que corra tanto.
 
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