7.12.18

MUCHO POR DESMONTAR

Los políticos nos hablan siempre con un lenguaje grandilocuente, en ocasiones difícil de entender y siempre alejado de la realidad.

Hay quien cree que el nuevo gobierno de la Junta de Andalucía nos va a arreglar los problemas en tres semanas. Es un error grave y sería una insensatez por nuestra parte esperar de ellos algo que es imposible.

Han sido 36 años de régimen. Demasiados años copando el poder absoluto. Queda mucho por desmontar y bastante para poder montar algo diferente.

En la Consejería para la que trabajo desde hace 35 años, el PSOE ha colocado a muchos de sus adeptos. Los ha hecho funcionarios públicos (con oposiciones y concursos de méritos hechos a medida), por la gracia del carnet y hasta que les llegue la jubilación boicotearán cualquier iniciativa que no venga de su partido. Se podrán cambiar los cargos políticos, los directores generales, los jefes de servicio... pero enquistada quedará una enorme masa funcionarial que será una rémora para que las políticas de la Junta cambien. En la Consejería para la que trabaja mi mujer, que también conozco, se ha actuado de la misma forma, dando cargos a los enchufados y condenado al ostracismo a los mejores.

Si los políticos hablasen el lenguaje de la calle, el de la gente de a pie, el que todos entendemos, deberían decirnos: «hemos encontrado en los cajones y bajo las alfombras mucha mierda (a pesar del trabajo hecho por las trituradoras de papel). Tenemos que tragarnos a una administración del PSOE, porque se han montado un chiringuito imposible de desmontar en años. Gobernar va a ser duro y complicado. No esperéis éxitos a corto plazo. En adelante los que tengan el carnet del partido no serán los más listos, los más altos, ni los más guapos, como hasta ahora. Tampoco lo serán si pertenecen a nuestro partido. Vamos a hacer una administración profesional, dirigida por los mejores, por los más profesionales y no por aquellos a los que se premió por los servicios prestados al partido».

Si así lo hacen, todos entenderemos que costará muchos años sacar a Andalucía de su atraso. Si intentan colocar a los suyos, sólo a los suyos y vendernos la moto de que esto está arreglado en seis meses, habrán fracasado y su fracaso será el nuestro.

8.3.18

HOY ES 8 DE MARZO


Hoy las mujeres han convocado una jornada de huelga general. Razón no les falta. Yo no  me he sumado a ella, porque soy poco amigo de reivindicaciones puntuales. Soy más de perseverancia, de trabajar en el día a día y de coger una linde y no soltarla, aún a riesgo de que te tomen por tonto. No me sumo a la huelga, aunque me adhiero a sus reivindicaciones y respeto por igual a quienes se han sumado a ella y a quienes han decidido acudir a sus puestos de trabajo. Así debería de ser en una sociedad democrática, en la que imperase el respeto por quienes adoptan decisiones distintas a las nuestras.
Desde la enseñanza pública llevo treinta y muchos años trabajando por la coeducación, por la igualdad, por la no discriminación por razón de sexo, por el derecho de todos a ser iguales. En mi vida privada también lucho por lo mismo.
Desde mi puesto de trabajo he podido concluir que, en líneas generales, mis alumnas son mucho mejores que mis alumnos y que las mujeres atesoran valores que la mayoría de los hombres no hemos podido ni oler.
En esa creencia he educado a mi hija y a mi hijo, dos personas libres, sin ningún tipo de prejuicio, que no hacen distinciones entre sexos. Ambos han estudiado dos carreras científicas, cuando la mujer siempre ha tendido más a realizar estudios relacionados con las humanidades, las letras y las ciencias sociales y me he sentido muy orgulloso de ver, en la orla de mi hija, a tres o cuatro mujeres rodeadas de un casi incontable número de hombres. Ambos han tenido los mismos privilegios, los mismos derechos, las mismas obligaciones y ambos han visto en su casa que sus padres funcionaban igual, a base de un reparto de tareas en el que el sexo no era una condición “sine qua non”. Me gusta presumir de haberlos “amamantado con mis propios pechos”, en épocas en las que su madre (por motivos laborales) pasaba varios días sin venir a casa y en las que ellos eran muy pequeños. Me encanta cuando dicen que la pasta que hace papá está más rica que la de… bueno, que la de quien sea y disfruto cuando recuerdan que les daba la papilla, el biberón o los llevaba al parque en la silleta o a dar un paseo en moto.
En contra de lo que suele pasar, yo he querido siempre tener los derechos que tienen las mujeres, en relación con la crianza de los hijos y he reivindicado que ellas sean (en derechos) iguales a los hombres.
En la actualidad tengo dos mujeres que me marcan el camino: en lo personal está mi mujer y tengo otra jefa en lo profesional. De mi mujer sólo puedo hablar en positivo, como pueden hablar todos mis amigos de sus mujeres. Es una gran mujer, tanto a nivel personal como en su trabajo. De mi jefa de estudios no puedo decir menos, en el terreno profesional. Se remangan y nada les viene grande. Son decididas, incansables, metódicas, organizadas, perseverantes, comprensivas, reflexivas, trabajadoras hasta la extenuación, equilibradas, magníficas profesionales, enérgicas, luchadoras… Son sólo dos ejemplos. Podría poner mil más.
Ninguna mujer merece, en pleno siglo XXI, tener que andar luchando por una equiparación de derechos con los hombres. Son personas, ni mujeres, ni hombres… personas que, como ya digo, nos dan a los hombres sopas con hondas en multitud de situaciones.
Hoy es día 8 de marzo y yo me sumo a la causa de las mujeres explotadas por razón de su sexo, me sumo a la lucha contra la injusticia y la marginación. Hoy es 8 de marzo, un pequeño paréntesis en la lucha que muchas y muchos venimos manteniendo desde hace decenios y en la que seguiremos mientras sea preciso.

22.7.17

SIN COMPLEJOS

Mientras tomo café, escucho a varios grupos de clientes hablar sobre la actualidad del país. Dalí, Blesa, Villar... son temas recurrentes. Estas conversaciones sólo me sirven para confirmar que el nivel de ignorancia de mis conciudadanos es enorme. Eso me resulta penoso, pero lo que más molesto resulta son la osadía y el atrevimiento de quienes pretenden sentar cátedra desde el más profundo desconocimiento. Es un mal endémico de nuestro país: aquí «todo el mundo entiende de todo» y opina sin complejos. Es gratis.

7.4.17

ÚBEDA ES CIUDAD DE SEMANA SANTA




Seguramente mi fama de persona díscola y rebelde ha hecho que, desde Diario Jaén, se acordasen de mí para pedirme que haga un poco de abogado del diablo, al hablar de la Semana Santa de Úbeda. A quien me lo ha pedido tampoco puedo negarle nada y aquí estoy para tirar piedras contra un tejado al que permanezco encaramado, desde hace 43 años, porque Jesús me buscó cuando yo caminaba por senderos sinuosos, para devolverme a casa, en un momento de mi vida en el que estaba absolutamente perdido. Fue una cofradía de Semana Santa la que me rescató de esas tinieblas y me hizo incorporarme a una Iglesia a la que tenía casi olvidada.
Va a ser ésta una situación un poco forzada y embarazosa, porque tantos años en una hermandad sólo pueden enseñarte a amar a las cofradías hasta el extremo y a considerar a la Semana Santa de tu pueblo como la única posible en tu vida.
Hay que rascar bastante para encontrar elementos negativos en la Semana Santa ubetense, aunque cuando has estado tan implicado como yo lo estuve en el mundo cofrade, siempre encuentras cosas que podrían mejorar. También la distancia, desde la que ahora veo estas manifestaciones de religiosidad popular, (como simple cofrade de a pie), te vuelve más objetivo y menos visceral a la hora de manifestar tus opiniones.
Algunos de estos elementos negativos supongo yo que no serán exclusivos de mi ciudad. En realidad creo que estos elementos se podrían extrapolar a cualquier ciudad en la que las cofradías tengan un papel preponderante, porque algunos son males endémicos de nuestra Andalucía cofrade. Hay uno, que me preocupa sobremanera, que es el tema de la formación. No es un asunto menor, porque cuando uno pertenece a una asociación, del tipo que sea, debe de conocer sus normas, sus fines, su filosofía, lo que esa sociedad espera de uno y lo que uno le puede ofrecer. En Úbeda, creo que como en todos sitios, hay mucho cofrade perdido en un laberinto de tronos, de capas, de báculos, de inciensos, de cornetas y de tambores. Muchos son cofrades, acérrimos de sus hermandades, por tradición familiar, por costumbre, casi por inercia (lo cual puede ser perfectamente respetable). Cuando intentas hurgar un poco bajo el capuz, descubres a gente bastante desinformada, que se aturulla cuando tiene que explicarte cuál es la razón de ser de su militancia cofrade. Hay mucha confusión y pocos cimientos, en ocasiones ignorancia supina, que suelen manifestarse en una vida poco acorde con la condición de ser cofrade, porque uno tiene que ser cofrade durante las veinticuatro horas del día de los trescientos sesenta y cinco días del año. Uno debe de vivir como cofrade desde que se levanta hasta que se acuesta, procurando dar ejemplo e intentando conseguir que te señalen con el dedo, porque sigues la estela del Nazareno en unos tiempos en los que ser católico no suele estar de moda.
Sé de la buena disposición de nuestras hermandades a la hora de propiciar la formación de los cofrades, pero esta sociedad de las prisas, de lo tangible y de lo inmediato, hace que cueste un mundo congregar a un número considerable de hermanos en torno a un acto de formación. Las juntas directivas le echan mucha imaginación para enganchar al personal. Se ofrecen títulos y temas atractivos y sugestivos e incluso se llegan a adornar los actos con la intervención de alguna banda, que al fin y al cabo es lo que pita hoy entre la gente más joven. No obstante resulta complejo. Hoy todos estamos demasiado ocupados como para dedicar un rato a Dios, a ese Dios al que recurrimos cuando nos aprieta el zapato o cuando la vida nos presiona hasta extremos que somos incapaces de resistir.
No soy un teórico de estos temas. Seguramente en las alturas de las instituciones cofrades haya gente más preparada que yo, para luchar contra la desidia y la abulia, pero si ellos no han conseguido erradicar la falta de formación de muchos cofrades, resulta evidente que a todos nos queda muchísimo trabajo por hacer. A cada cual desde la parcela que ocupa, también a quienes estamos en la base de la pirámide.
Repasada esta laguna en lo teórico, podríamos analizar carencias que hay en lo práctico, más concretamente en lo estético.
En los últimos veinte o veinticinco años, la estética de las procesiones ubetenses ha cambiado enormemente. La de Úbeda fue una Semana Santa más castellana que andaluza, más austera que folclórica, muy seria, de un duelo estremecedor. Las procesiones marcharon siempre en paralelo y en consonancia con el carácter de los ubetenses, un carácter reservado, recatado y casi adusto, con un enorme sentido del ridículo y con grandes problemas para desinhibirse. Eso se ha traducido en una puesta en escena, (al fin y al cabo eso es una procesión de Semana Santa) de nuestras hermandades en la calle más propia de Zamora que de Cádiz, con pasos llevados sin estrépito, con bastante silencio y con recogimiento cuasi carmelitano. Hoy se va imponiendo la bulla de un público que, como algunos cofrades, desconoce el tipo de manifestación a la que asiste.
No es la mía una crítica a las hermandades que, en nuestra ciudad, ya nacieron bajo unos determinados cánones. Lo mío es cierta desazón por el hecho de que haya cofradías centenarias que creen que mimetizarse con el entorno les asegurará no sé qué éxitos. Pero no se mimetizan con el entorno renacentista del que la ciudad está impregnada, sino con el “entorno semanasantero de otras Andalucías” que no son la nuestra, intentando forzar la máquina, mientras importan clichés eternamente repetidos y carentes de originalidad por su reiteración.
En Úbeda tenemos una especie de complejo de inferioridad que nos hace infravalorar lo nuestro, (ha pasado igual con el carnaval), para ir adoptando modos de otros lugares, sin buscar sentido a cada transformación y arrumbando cosas con las que siempre nos hemos identificado. Son cada vez más las cofradías con una fuerte personalidad y con unas señas de identidad casi únicas las que están sucumbiendo ante modas que auguro pasajeras y que no aportan nada exclusivo a las procesiones.
Hoy por hoy las procesiones de nuestra ciudad son eclécticas, son variadas y en su conjunto forman un todo atractivo, pero si seguimos por el camino de la imitación y por la renuncia a nuestras señas de identidad, en unos años nos dará igual pasar la Semana Santa en Córdoba, en Jerez o en Alcalá de los Gazules.
Hay que animar a las viejas cofradías a conservar sus singularidades y que sean otras, las que aún llevan chupete, las que adopten las formas de los tiempos en los que se han criado. Es lo pertinente y lo lógico.
Para evitar ser yo el crucificado, aclaro que he querido colocarme en el papel que me han asignado y que no es otro, como decía al principio, que el de abogado del diablo.
El caso es que siempre que alguien me ha preguntado por la Semana Santa de mi pueblo le he dicho que sus procesiones no pueden desarrollarse en un entorno mejor que el que proporciona una ciudad renacentista que es Patrimonio de la Humanidad, que es la conmemoración más importante y multitudinaria de Úbeda, que las cofradías son el colectivo que aglutina a un mayor número de ubetenses y que engancha hasta el punto de que conozco las procesiones de otros lugares por los vídeos de Youtube, porque jamás falto a una cita que, desgraciadamente, se celebra en todas las ciudades del país en la misma fecha.

21.2.17

HASTA SIEMPRE DON ANTONIO



Hace unos 33 años que me aficioné al carnaval gaditano, todo un mérito por mi parte si tenemos en cuenta que entonces no existía Canal Sur. 

De los gaditanos me gusta su fino sentido del humor, su imaginación y un ingenio que no he conocido fuera de la Tacita de Plata, nada que ver con los sevillanos y a años luz, (ya conocen el tópico), de los granadinos. No me gustan los clones, que han ido apareciendo por una parte importante de la geografía nacional y que han hecho del carnaval de nuestros pueblos una ridícula imitación del que se hace por tierras gaditanas, no en vano la "asaura ubedí" o la atonía comprovinciana no son comparables al gracejo de los de Cádiz. La globalización se ha encargado de uniformar esta fiesta, extrapolándola a rincones que nada tienen que ver ni con el clima, ni con el acento, ni con el "modus vivendi", ni con el paisaje, ni con la forma de ser de sus habitantes. Ha ocurrido algo idéntico con las procesiones de Semana Santa.

Yo soy seguidor de las chirigotas, en parte por mi carácter irónico y jocoso y en parte porque creo que el mundo ya tiene bastantes problemas como para que nos compliquemos la vida con la supuesta trascendencia de las letras que cantan las comparsas. Alguna vez he escuchado a alguna, pero no he conseguido tragármela entera.

Hace años que sigo el concurso de agrupaciones gaditanas. Primero lo viví "in situ", más tarde por televisión y luego a través de Internet, a medida que las conexiones de banda ancha fueron mejorando. Internet tiene la ventaja de que, como dicen en Cazorla, "vas esmotando", dejas de lado lo que no te gusta y ves las actuaciones de las chirigotas que han recibido buenas críticas o que los amigos te recomiendan. A los coros no los soporto.

La del carnaval es para mí una fiesta que tiene su gracia, (según dónde), que me agrada y me divierte, como me agrada escuchar una bonita canción o como me gusta tomarme una cerveza o fumarme un Cohiba. Es algo para echar el rato pero no creo que haya que elevarlo a la categoría de arte, en el sentido más puro del término. Tampoco creo que en mi vida vaya a suponer algo de gran trascendencia, más allá de las cuatro risas que me echo escuchando al Selu o a Manolito Santander.

Vienen a cuento estas reflexiones porque esta mañana, al abrir mi Facebook tras el desayuno, me he encontrado con una frase, entre necrológica y epitáfica, que decía: "hasta siempre don Antonio". Un vuelco me ha dado el corazón, antes de reaccionar, al pensar que alguien se despedía de alguno de mis amigos de Facebook, porque había pasado a mejor vida. Inmediatamente me he puesto a navegar con celeridad y he respirado tranquilo al encontrar el verdadero sentido de la frase. Se refería a la despedida no de este mundo, sino del concurso del Gran Teatro Falla, del comparsista Antonio Martín.

Evidentemente cada quien es muy libre de elegir sus mitos. A mí todo esto de mitificar a unos tipos que escriben letrillas, se disfrazan y cantan, siempre me ha parecido excesivo, pero allá cada cual. Estas cosas me dan un poco de risa, dicho con el mayor de los respetos. Lo que sí que me parece excesivo es que alguien se despida de un tipo que deja las tablas, de forma tan contundente, lapidaria y categórica que casi hace que se me salga el corazón. Lo malo es que otros lo acompañaban en el sentimiento.



19.1.17

NIÑOS ENTRE ALGODONES



Hoy me han faltado a clase cinco. Supongo que será por el frío. Cuando yo era pequeño, a los niños nos encasquetaban unas botas de goma y una capa impermeable azul, con su gorro y tuviésemos la edad que tuviésemos nos mandaban solos al colegio. Entonces los inviernos eran «como Dios manda», con sus nieves, sus fríos polares y sus buenos charcos en los que estrenar nuestras negras botas de goma. Aquellos inviernos ya no existen. Ahora son inviernos descafeinados, con suaves temperaturas y escasas precipitaciones y sin embargo mis alumnos prefieren quedarse en casa «no vaya a ser que...». Son niños y niñas criados entre algodones, con todos los consentimientos y todos los caprichos, para que no pasen penalidades y no se estropeen, de esos que se echan a llorar cuando reciben el primer palo de la vida, en lugar de remangarse y echarle un par. Nunca he pensado que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí estoy convencido de que si no les apretamos un poco las clavijas, se van a pasar la vida llorando.

12.10.16

12 DE OCTUBRE



Hoy se celebra el Día de la Hispanidad. Ha habido manifestaciones a favor, en contra y en contra de los que están a favor (también a favor de los que están en contra). Unos sacan a pasear la bandera y otros la ven como un símbolo del pasado. Hay quienes sienten pasión por ella y otros que la queman. Para mí la bandera de España es mi bandera, porque así lo establece la Constitución del 78, en la que creo. También mi bandera es la andaluza, porque nuestro Estatuto de Autonomía lo dice así. Me siento profundamente andaluz, canto con orgullo el himno de Andalucía y lo enseño a mis alumnos, porque ése sí tiene letra. Tengo dos banderas, porque así lo establecen las leyes en las que creo, pero no muero ni siento pasión por ninguna. Son símbolos de mi tierra y como tal las veo. No las enarbolo en contra de nadie, ni soy de banderas más que nadie.

Creo que los que celebran este día tienen el mismo derecho a hacerlo que quienes no sienten nada por el 12 de octubre, pero me gustaría que todo se hiciera sin rencor y con respeto. Soy una persona tolerante y respetuosa y me parece bien que cada cual defienda lo que quiera, respetando siempre la libertad, la democracia y los derechos de las personas.

No, no soy un tibio. Soy una persona de firmes convicciones democráticas, incluso desde antes de que esa palabra se popularizase en nuestro país. Lo que no soporto es la intolerancia, de unos y de otros, ni me gustan los enfrentamientos viscerales, consecuencia del cainismo imperante en nuestro país.

Que cada cual celebre hoy lo que quiera, que lo hagan los que están a favor, los que están en contra y los que están en contra de los que están a favor, pero que lo hagan con respeto a los demás, porque todas las ideas que caben dentro de nuestra Constitución son respetables.

8.9.16

"MICROJOBS"



Una amiga de mi hija, que es veterinaria, trabaja ocho horas diarias más guardias cuando le tocan. Gana 150 euros al mes. Le digo a mi hija que quién costea a su amiga, que vive desplazada muy lejos de su casa y me contesta que sus padres. Le hago ver que son condiciones de esclavitud y me dice que lo sabe, pero que su amiga pone dinero a costa de adquirir una experiencia que le piden en cualquier trabajo al que aspire. Una chica, con un título universitario, que es explotada de esa forma por un empresario a mí me parece una humillación, una inmoralidad. Mi hija, (que gracias a Dios tiene un trabajo digno), dice que así están las cosas y que si su amiga deja el trabajo siempre hay alguien esperando para cogerlo, incluso en esas condiciones de esclavitud, todo sea por la experiencia. Supongo que es uno más de los muchos trabajos-basura que hay en nuestro país y que sólo sirven para hacer decrecer las listas de parados. Supongo que ha ido a dar con uno de los empresarios sin moralidad y sin escrúpulos que campan a sus anchas por España, pero también supongo que esas cosas se pueden hacer, que son legales, porque nuestra normativa las permite. La pena (y lo más duro) es que casos como el de la amiga de mi hija conozco algunos más y conozco a gente que trabaja en precario, a tiempo parcial, echando la jornada completa y con salarios que dejan por los suelos la dignidad profesional y la autoestima de una persona. Hoy, en nuestro país, abundan los "minijobs" y entre tres personas suman un sueldo decente. Por eso no se recauda. Si ganas poco o casi nada, ¿cuál va a ser tu contribución al Estado? Mientras estas cosas se permitan España no despegará económicamente, seguiremos siendo un país de camareros, muchos de los cuales cobran en negro y nuestros universitarios serán explotados, por gentes sin escrúpulos, con la complicidad del gobierno y de sus leyes. Podremos ganar medallas en las olimpiadas y meterle 8 goles a Liechtenstein pero eso no es suficiente para sentirse orgulloso de ser español. España tendría que tratar bien a sus ciudadanos. Mientras no lo haga, resulta imposible llevar alta la cabeza.

"STAND BY ME" RICHARD RAY FARRELL


29.1.16

PARA SIEMPRE... DON JOSÉ




Querido amigo:

Hoy has recibido el homenaje de una parte de quienes te querían. Aquel colegio que ayudaste a poner en marcha, con una cierta contestación interna y que llevaba el anodino nombre de "Atalaya", hoy ya lleva tu nombre. Ha sido preciso que te marchases, de forma precipitada, para que se haya reconocido tu entrega, tu trabajo, tu decisión y tu tesón. Hoy ese edificio, ese Colegio Rural Agrupado, (entonces lo llamábamos así), de La Iruela ha empezado a dejar de ser un ente impersonal, para pasar a llevar una historia tras de si. Es la historia de Lola, de Antonio, de Piedad, de Emilio, del otro Antonio, de Manolo y si me permites un poco la mía. Es una historia que hoy ha quedado personalizada en un nombre, en el tuyo. Un cazorleño, ya ilustre, quedará para siempre identificado sobre los muros de ese colegio que hoy ha pasado a adquirir personalidad propia, al llamarse "C.P.R. José García Laínez".

Me hubiera gustado acompañar a Mari Carmen y a tus hijos en ese emocionante acto, pero ya sabes que la administración educativa no tiene alma y que ha programado el acto para la mañana de un día laborable.

Te marchaste demasiado pronto, de forma repentina, casi en plena juventud, porque los años que figuraban en tu DNI nunca coincidieron con tu edad biológica, con tu espíritu eternamente joven, con tus risas, con tus pulseras de colores, con tus bromas, con tu mentalidad abierta y con tu manera de colocarte a la altura de tus alumnos. Te fuiste y nos dejaste con la desazón de no habernos podido despedir de ti, pero hoy nos resarce el saber que, para siempre, tu colegio llevará tu nombre y que un día, de aquí a cincuenta o sesenta años, algún maestrillo novato llegará a preguntar por la razón del nombre del colegio y cuando ya nosotros nos hayamos marchado también, alguien le explicará que don José García Laínez fue un director al que le faltaban horas para dedicarlas a su trabajo, un hombre afable y conciliador, al que todos sus alumnos admiraban y a quien sus compañeros querían.

Te dejo, Pepe. No te doy más la vara. Ya nos veremos por allí arriba, (conste que no tengo prisa), nos fumaremos unos cigarrillos y nos tomaremos unas cañas. Que fue un placer haber sido tu compañero y tu amigo ya lo sabes.

Un fuerte abrazo. Nos vemos.