29.1.16

PARA SIEMPRE... DON JOSÉ




Querido amigo:

Hoy has recibido el homenaje de una parte de quienes te querían. Aquel colegio que ayudaste a poner en marcha, con una cierta contestación interna y que llevaba el anodino nombre de "Atalaya", hoy ya lleva tu nombre. Ha sido preciso que te marchases, de forma precipitada, para que se haya reconocido tu entrega, tu trabajo, tu decisión y tu tesón. Hoy ese edificio, ese Colegio Rural Agrupado, (entonces lo llamábamos así), de La Iruela ha empezado a dejar de ser un ente impersonal, para pasar a llevar una historia tras de si. Es la historia de Lola, de Antonio, de Piedad, de Emilio, del otro Antonio, de Manolo y si me permites un poco la mía. Es una historia que hoy ha quedado personalizada en un nombre, en el tuyo. Un cazorleño, ya ilustre, quedará para siempre identificado sobre los muros de ese colegio que hoy ha pasado a adquirir personalidad propia, al llamarse "C.P.R. José García Laínez".

Me hubiera gustado acompañar a Mari Carmen y a tus hijos en ese emocionante acto, pero ya sabes que la administración educativa no tiene alma y que ha programado el acto para la mañana de un día laborable.

Te marchaste demasiado pronto, de forma repentina, casi en plena juventud, porque los años que figuraban en tu DNI nunca coincidieron con tu edad biológica, con tu espíritu eternamente joven, con tus risas, con tus pulseras de colores, con tus bromas, con tu mentalidad abierta y con tu manera de colocarte a la altura de tus alumnos. Te fuiste y nos dejaste con la desazón de no habernos podido despedir de ti, pero hoy nos resarce el saber que, para siempre, tu colegio llevará tu nombre y que un día, de aquí a cincuenta o sesenta años, algún maestrillo novato llegará a preguntar por la razón del nombre del colegio y cuando ya nosotros nos hayamos marchado también, alguien le explicará que don José García Laínez fue un director al que le faltaban horas para dedicarlas a su trabajo, un hombre afable y conciliador, al que todos sus alumnos admiraban y a quien sus compañeros querían.

Te dejo, Pepe. No te doy más la vara. Ya nos veremos por allí arriba, (conste que no tengo prisa), nos fumaremos unos cigarrillos y nos tomaremos unas cañas. Que fue un placer haber sido tu compañero y tu amigo ya lo sabes.

Un fuerte abrazo. Nos vemos.


14.1.16

EL NIÑO DE BESCANSA



El revuelo fue ayer mayúsculo a cuenta del hijo de Carolina Bescansa, diputada de Podemos. Todas las emisoras de radio, (supongo que también las televisiones), se hicieron eco de la toma de posesión de la madre y del nene, a quien algún cachondo ha votado para presidente de la cámara, porque Bescansa llevó ayer a su hijo Diego al Congreso de los Diputados. Si lo que pretendía la madre era acaparar las portadas de la mayoría de los medios de comunicación, está claro que lo consiguió.

Las opiniones sobre el asunto han sido encontradas. Había quienes pensaban que era una forma de reivindicar la conciliación laboral y familiar (¿de las mujeres?) y otros, entre los que me encuentro, que creíamos que todo ha sido un montaje porque la diputada lleva permanentemente con ella una niñera y porque no ha querido hacer uso de la guardería que existe en el Congreso para forzar la situación. A esto hemos de añadir que el programa electoral de Podemos, que me leí íntegramente en su momento, en su punto 194 pasa casi de puntillas y con cierta ambigüedad por el tema de la conciliación de la vida laboral con la familiar.

Yo soy un experto en el tema porque he criado a mi hijo y a mi hija, con mis propios pechos, en un pueblo en el que no teníamos una familia con la que dejarlos y jamás me los he llevado al trabajo. Mi mujer tampoco lo ha hecho, primero porque el privilegio que hoy tiene Bescansa, que ya ha entrado a engrosar las filas de la casta, no lo tenemos ninguno de los dos y en segundo lugar porque nuestros jefes no nos lo hubiesen permitido. Mi mujer y yo nos tomamos nuestros respectivos trabajos muy en serio y con un niño pequeño en los brazos, difícilmente hubiésemos podido cumplir con nuestras respectivas obligaciones laborales. Claro que no es lo mismo dedicarse a pulsar un botón y verlas venir, que enseñar a leer a unos pequeños o trasladar a una persona moribunda en ambulancia. Con todo, a sus años, a mi mujer no le va a quedar otra, el próximo verano, que llevarse a mi hijo, a diario, al trabajo. Cosas de la vida.

Algo que me ha molestado sobremanera es el hecho de que parezca que son las mujeres las que tienen que conciliar trabajo y familia. Yo siempre he reivindicado mi papel de padre militante, una militancia que ha sido muy activa como consecuencia del trabajo de mi mujer, que se iba de guardia durante dos o tres días seguidos, quedándome yo con mis niños, mis biberones, mis pañales, sus mocos, sus toses, sus fiebres y sus vómitos (también con sus risas y sus abrazos). De ahí que siempre me guste presumir, como antes decía, de haberlos criado con mis propios pechos.

Lo del nene de Bescansa, mejor lo de Bescansa (que le nene no tiene culpa de tener una madre así), ha sido un brindis al Sol, algo de cara a la galería y un esperpento típico de la España cañí en la que vivimos. En lugar de reivindicar, en lugar de hacer gestos vacuos, lo que tienen que hacer los políticos es aprobar leyes que propicien que esa conciliación se haga real.

Lo del niño parlamentario y lo de las extravagantes fórmulas para jurar o prometer el cargo han sido unos numeritos más, de los muchos que tendremos que tragarnos tras la irrupción en el Congreso de esta gente que cree más en los gestos, en las pancartas, en las manifestaciones y en los puños en alto, que en el ponerse a trabajar para aprobar leyes que beneficien a los ciudadanos.


Me temo que esto se va a convertir en un circo, plagado de desacatos, de extravagancias, de crispación, de desaires y de mala educación. De alguna forma tienen que demostrar que ellos no son casta.


6.1.16

DÍA DE REYES



Recuerdo ahora los días de Reyes de mi niñez, aquel caballo de cartón, aquella primera bicicleta, escondida tras las cortinas del dormitorio de la casa de mi abuela, los fuertes, con sus indios y sus vaqueros de plástico, el sombrero, con su estrella de sheriff, los Juegos Reunidos Geyper o aquella caja llena de trucos de magia...

Me acuerdo de las noches, casi en vela, esperando escuchar las pisadas de los Magos o algún sonido emitido por los camellos. Vienen a mi memoria los seis pares de pequeños zapatitos, colocados delante del balcón, los mantecados para Sus Majestades o aquella copa de anís para Baltasar, que supongo debía tomarse mi padre mientras, con ilusión, colocaba los juguetes.

En días como éste, en los que uno ya no es niño ni lo suficientemente viejo, uno se ve reflejado en las caras de ilusión de los niños que salen por la tele, disfrutando de sus juguetes.

Hoy el día ha sido agridulce, con mi mujer trabajando y mi hijo camino de Córdoba, donde mañana se examina. Pronto el barco estará vacío.

Los Reyes Magos de Oriente llegaron a mi casa ayer, por necesidades del guión. Mi hija, que es muy dada a escribir a los Magos, les pidió para mí un par de jerseys. Es lo que suele pedirse, para una persona mayor, cuando uno ya tiene un nutrido stock de corbatas y de botes de colonia y además, como dice mi mujer: "¿qué le pido para ti a los Reyes, si tú ya tienes de todo?" Lo cierto es que no le falta razón.

Mientras escribo estas líneas mi mujer me manda un Whatsapp, para decirme que se va urgentemente a realizar un traslado, de esos que ellos llaman de "prioridad 1", los más graves. Son 45 kilómetros de sinuosa carretera, haciendo lo imposible para que el paciente no se le muera antes de llegar a Úbeda. ¡A quienes tenéis un hospital a 5 minutos os ha tocado la lotería!

Por éstas y por otras razones el día ha sido agridulce, pero no pierdo la esperanza. Supongo que, cuando tenga nietos, reviviré en primera persona las sensaciones de aquel niño que fui en este día de Reyes, porque en la vida todo vuelve y los abuelos se convierten en niños y los niños se convierten en abuelos.
 
Free counter and web stats