
Hace varios meses mi amigo, e impenitente estudioso de todos los fenómenos que forman parte de la Semana Santa, Rafael J. Merelo Guervós, me enviaba una especie de profecías en las que aventuraba el futuro de la Semana Santa ubetense. Concretamente explicaba, en su escrito, cómo sería la Semana Santa de nuestra ciudad a la vuelta de 10 años; en el año 2013.
Rafael, (que no Rappel), se metía un poco a futurólogo seguramente tras calibrar los riesgos que conlleva el realizar predicciones a tan largo plazo y habiendo sopesado los estrambóticos designios de bastantes dirigentes cofradieros, que tan pronto dejan a una cofradía anclada en el pasado por muchos años, como realizan una singladura que la hace llegar al más insospechado de los puertos. La rumorología cofrade ubedí es actualmente de lo más variado y mi amigo Rafa se ha dejado llevar, seguramente, por esos cantos de sirena que vaticinan cambios transcendentales a medio plazo. Examinando el listado de novedades, se puede afirmar que éste sigue al pie de la letra la más pura ortodoxia de esas predicciones que, con la llegada de un nuevo año, los videntes “más prestigiosos” realizan en todas la cadenas de televisión y emisoras de radio. Existen vaticinios que tienen cierta lógica, aquellos en los que siempre se acierta y que sirven para aumentar la autoestima del vidente una vez cumplidos. Luego se formulan algunos “disparates”. Si no se aciertan no pasa nada porque nadie se acuerda de ellos pero, si se llegan a cumplir, son un bombazo que aumenta el “caché” del vidente.
Como puede deducirse del anterior párrafo, estoy de acuerdo con muchas de esas predicciones y otras me parecen descabelladas aunque existe un comentario al final del texto que me ha hecho reflexionar y en el que coincido plenamente con Rafael. Dice mi amigo: “sobre todo, la profecía que espero ver cumplida, aunque lo dudo, es que haya más cofrades comprometidos, que son los que mueven y moverán nuestras cofradías”. No veo claro el aumento de los cofrades comprometidos, aunque dicho aumento fuese muy deseable.
Pero ¿qué es un cofrade comprometido?. En principio, y a pesar de su escasez, creo que existen tres tipos de cofrades comprometidos: los que se comprometen con su cofradía, los que se comprometen con la Iglesia y los que se comprometen con ambas cosas.
Aquellos que se comprometen con su cofradía lo hacen, en líneas generales, para colaborar en todo lo que es parafernalia “semanasantera”. Colaboran con la organización de actos, eventos, procesiones, fiestas y demás acontecimientos de cara a la galería, dando una enorme importancia a todo lo externo.
Quienes se comprometen con la Iglesia es posible que colaboren en las anteriores tareas pero se inclinan más por participar y propiciar actos de culto, programas de formación y tareas solidarias en beneficio de los más desfavorecidos. Ven como fundamental la labor social de las cofradías y prefieren destinar los fondos a estas cuestiones antes que a un desmesurado incremento del patrimonio.
Los que se comprometen en ambos sentidos son una especie en vías de extinción.
Con todo, y sin profundizar en el sentido de su compromiso, es escaso el número de cofrades con el que se puede contar para “mover” nuestras cofradías. De ello existen decenas de ejemplos. De los aproximadamente 10.000 cofrades que hay en Úbeda, seguramente no más de 500 ó 600 son los que engrasan la maquinaria de la Semana Santa. Uno se harta de ver siempre a las mismas personas en los mismos lugares, durante años. No se harta por los que están sino por los que no están, por los que pagan su cuota y se desentienden. El compromiso que conlleva el pagar una cuota es cero.
En determinados casos se hace muy cuesta arriba el funcionamiento de la mayoría de las actividades en las que participa una hermandad. Montar y gestionar una caseta de feria viene a ser una empresa casi imposible como lo es llevar una nutrida representación de hermanos en la procesión del Corpus o confeccionar una carroza para la romería de la Virgen de Guadalupe. De la organización y asistencia a los actos de carácter formativo, no quiero ni hablar.
Lo malo de todo este asunto es que la gente “de siempre” se va quemando. Hace años la actividad cofrade se reducía a la cuaresma y poco más. Hoy la vida cofrade late durante todo el año. Cada vez es tarea más compleja la de contar con personas para formar parte de una junta directiva y son muy pocos quienes quieren asumir el compromiso de dar testimonio de fe a través de las cofradías, porque las exigencias son cada día mayores.
En esta tesitura, si no encontramos incentivos para que el número de cofrades comprometidos no decaiga, llegaremos de forma irremediable a una esquematización de las cofradías, que se limitará al día de la procesión. Entonces habrán dejado de tener sentido.
Comentarios