24.10.02

EL TRIUNFO DE ÚBEDA

Hace unos días, alguien me contó que un chico de Úbeda había sido casi seleccionado para participar en el famoso concurso televisivo “Operación Triunfo”. De entre 20 candidatos, que pasaron a la final del concurso, deberían ser seleccionados 16 ó 17 y entre ellos se encontraba nuestro ubetense.

Mi secular optimismo me hacía tener la certeza de que Danni Úbeda, ese es su nombre artístico, sería uno de los elegidos y, el día siete de octubre, en torno a las diez de la noche, me senté delante del televisor para sintonizar Tele 5. ¡Sí que estaba enterado yo!. A esa hora, y en esa cadena, había un programa basura de esos que suelen ser habituales en cualquier momento del día o de la noche. Menos mal que entró en la habitación mi mujer, algo más adicta que yo a la caja tonta, y me sacó de mi imperdonable error contándome que “Operación Triunfo” se emitía a través de la primera cadena de Televisión Española. Impaciente, pulsé el uno en el mando a distancia, del cual fui propietario durante unas horas al encontrarse mis hijos durmiendo. Un presentador, cuya cara me sonaba pero de nombre ignorado, hacía la introducción al programa no sin cierta dificultad. De pronto sonó el nombre de Úbeda, no recuerdo si asociado a Danni o a la ciudad donde nació. Yo estaba nervioso, parecía un “quinceañero”. Pensaba en mi hija y en lo que me hubiera dicho si me hubiese visto en semejante estado de excitación, a mis cuarenta y tantos. Seguramente ella no hubiese entendido que a mi el personaje no me interesaba en exceso (tal vez tenía una ligera curiosidad por reconocer a alguno de sus familiares), que me daba igual el timbre de voz que tuviese y que, visto el producto obtenido en la anterior edición del programa, no sentía ninguna ansiedad por tener en mis manos su primer CD.

Del asunto, me emocionaba el pelotazo que para mi pueblo iba a significar la aparición de su nombre en la tele durante muchos meses. Ya imaginaba las secuencias filmadas en la Plaza de Santa María, con El Salvador al fondo, contaba los cientos de veces que el nombre de Úbeda sería pronunciado ante millones de personas y hacía cuentas de los miles de euros que los ubetenses tendríamos que habernos gastado para publicitar en televisión a nuestra ciudad de esa forma tan bestial. Me regocijaba de que todo ello lo íbamos a tener “por el morro”, “por la cara”, de la mano de un chico que, llamándose Campos, decidió colocarse por nombre de guerra el de Danni Úbeda que suena más a cantante de copla que a estrella del rock. Daniel estuvo trabajando en un hotel de Salou y, reconozcámoslo, Danni Salou suena más ostentoso, más internacional, tiene más “caché”. Sin embargo Úbeda tiene “un no sé qué” que nos impregna, un embrujo que nos invade y, excelentemente asesorado, Daniel adoptó el nombre de la ciudad de los cerros para pasearlo por todo el mundo (el programa se emite a través de una plataforma digital). No lo conozco pero, como ubetense, tengo motivos suficientes para desearle un rotundo éxito en su vida profesional y, sobre todo, en la personal. Quien sí que tengo muy claro que ya ha triunfado es Úbeda.

Rosa no me enterneció con su figurilla oronda y su cerrado acento granaíno. Tenorio no me atrajo con su belleza de busto romano. Este verano me he librado de bailar el Ave María de Bisbal y el acaramelamiento entre éste y Chenoa no me ha quitado el sueño. Incluso reconozco que, para escribir estas pocas líneas, he tenido que pedir asesoramiento a mi hija de once años, más ducha en estas lides. La Academia, los profesores, las canciones, el horario intempestivo en el que se emite el programa no me han producido ni frío ni calor. Tampoco me importa si Danni es un “diamante en bruto” (como lo calificaron los que hicieron la selección), si canta salsa, rock, merengue o bachata y ni siquiera sé si su triunfo será o no efímero. Ni siquiera estoy seguro de que Danni siga en el programa cuando estas líneas vean la luz. Lo que sí tengo muy claro es que, desde hoy mismo, me declaro fan incondicional suyo, para bien o para mal, hasta que la tele nos separe. El día en que Úbeda sea nombrada Patrimonio de la Humanidad, no sé si mi corazón lo soportará.

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