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UNA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Primero fue la indiferencia, luego vino el maltrato psicológico… al final te pegó delante de tus hijos… Tú nunca habías querido denunciar, no querías creer que era a ti a quien estaba sucediendo aquello. Tal vez pensabas que todo se solucionaría algún día, pero eso nunca sucede. Cuando un tipejo aprende a maltratar impunemente a una mujer, ya no se para. Te pesaban más tus hijos y lo que diría la gente. No querías que aquello saliese a la luz y estabas dispuesta a seguir sufriendo. Acudiste a la comisaría a regañadientes, como en un sueño, pensando en que era imposible que aquello te estuviese pasando a ti, pero habías visto a tus hijos llorar y eso te quitó la venda de los ojos.

Ahora vives sola. Es mejor que mal acompañada. El pánico te ha hecho cambiar la cerradura de la puerta, pero sigues durmiendo con las llaves puestas por dentro. El tipo te sigue enviando al móvil mensajes que te resultan inquietantes. No vives, no descansas, duermes con un ojo abierto y otro cerrado y no puedes escapar de las pesadillas, miras de reojo por la calle porque la fiera puede estar al acecho. Con esta gentuza nunca se sabe… Todas las precauciones son pocas. Pero tú tranquila, no estás sola, todos estamos contigo, la sociedad está de tu lado. Vamos a llevarte de la mano hasta el final de ese túnel, al fondo del cual se divisa una luz. El camino va a ser largo y tortuoso, porque hay experiencias que tardan en superarse, pero cualquier herida termina por cicatrizar. Eres joven y la vida te dará una segunda oportunidad. No lo dudes. Casi siempre la vida termina poniendo a cada cual en el sitio que le corresponde y tú no mereces el que ocupas ahora. Todo se arreglará, pero has de ser fuerte y resistir. Parece que sólo es cuestión de tiempo, el tiempo que quiera esa Justicia que se mueve con la lentitud de un paquidermo y que, después de muchos meses, te obliga a seguir legalmente ligada a tu verdugo.

Por desgracia, querida Ana, todos conocemos historias parecidas a la que acabo de contarte. Tú ya no volverás a pasar por una de ellas, pero has tenido que pagar un altísimo precio. No es la hora de los reproches Ana, pero nadie se para tras la primera bofetada. Resulta imprescindible denunciar.

Por no denunciar, esta película se repite con demasiada frecuencia. A mí me gustaría que empezase por el final, justo por la escena en la que el tipo se descerraja un tiro en los sesos o se tira por una ventana, pero una cosas son mis deseos y otra la realidad.

He visto la fotografía que tu hermano te hizo en el hospital y he sentido escalofríos. Te juro que no es metafórico. Un latigazo de repulsa y asco ha recorrido violentamente mi espalda. Es inhumano lo que esa bestia ha hecho contigo. Estoy abatido y para poder ayudarte sólo se me ocurren estas doloridas palabras de ánimo. No te rindas. El que te ha hecho eso ya no pertenece a nuestra especie. Un hombre deja de serlo cuando maltrata a una mujer. Se ha convertido en una alimaña y a las alimañas se las encierra y a otra cosa. Ahora debes empezar a caminar. También vamos a acompañarte en tu camino por ese túnel, al final del cual brilla la luz. ¡Ánimo Ana! Empiezas desde cero pero con la experiencia acumulada de tus frágiles 20 años, también con esta mala experiencia, pero todo pasará, el tiempo todo lo consume y también ahogará tu pena.

Volverás a tu pueblo, volverás a tu casa y un día un hombre, un buen hombre, paseará junto a ti entre los plateados olivos de tu Rus natal y los muros renacentistas de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora te arroparán vestida de blanco y la vida volverá a sonreirte. Los demás seguiremos aquí, vigilantes, denunciando a los cuatro vientos a la bestia, a la alimaña y pidiendo justicia para tantas y tantas mujeres que no consiguieron alcanzar la luz que las esperaba al final del túnel.

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