3.11.10

CUADRITOS AMARILLOS


Me ha dicho la madre de un alumno que su hijo no tiene que hacer deberes en casa, por la tarde, y que tampoco tiene que estudiar. Dice que los niños lo que tienen que hacer es estar en la calle y jugar con otros niños, durante toda la tarde porque ella, además, no puede estar pendiente de él para asesorarlo o simplemente para conseguir que se siente, durante una hora, delante de un cuaderno o de un libro. A pesar de lo dicho, a ella no se le conoce trabajo fuera de la casa. Como me lo ha dicho en un tono agresivo y amenazador, yo sólo le he contestado: “muy bien, usted es la experta”. A base de recibir palos, he aprendido a no contradecir a este tipo de madres porque, además de perder el tiempo, uno se expone a un insulto, a una denuncia, a un empujón o a un guantazo. Además la Consejería de Educación no deja claro si los niños deben hacer deberes en casa. Hay un cierto vacío legal, que recomienda que no se manden deberes aunque, por otro lado, la Consejería vende a bajo precio, tres horas de conexión a Internet, en horario de tarde, para que los niños hagan las tareas del colegio con su ultraportátil. Yo, para cubrirme las espaldas, (que, en estos casos, casi es lo único que me interesa ya), le he dicho al nene que trabaje mucho en clase y que lo que le quede pendiente… que no importa, que él lo que tiene que hacer por las tardes es jugar en la calle y dejar “a su mama” enganchada a lo que sea, da igual que sea una novela televisiva o que se trate de otra cualquier cosa. Lo malo de todo es que mañana puede venir, volviéndome a amenazar, porque discrimino a su hijo, que no lleva deberes a casa, mientras sí que los llevan sus compañeros. Hoy por hoy, a los docentes nos pilla el toro de cualquier forma. Abandonados por los políticos que diseñan la leyes educativas y ultrajados por una parte de la sociedad, la única opción que nos queda es predicar en el desierto y recordar, no sin cierta nostalgia, lejanos tiempos en los que un padre te decía: “apriétele usted al zagal, que no quiero que pase las penalidades que yo estoy pasando”.

Aunque éste “de la madre pedagoga” puede ser un caso un poco extremo, lo cierto es que cada vez son más los padres que no quieren que a sus hijos “se les apriete”, se les exija y se les haga trabajar. Cada vez son más los que dicen que el niño lo que tiene que estudiarse son “los cuadritos amarillos del libro” porque el resto del texto son tonterías y que “los cuadritos amarillos” son lo verdaderamente importante, como si los libros de texto no fuesen ya lo suficientemente parcos y sus contenidos reiterativos y poco novedosos año tras año.

Asuntos como éste, que se vienen dando con más frecuencia de la deseada de unos años esta parte, me han hecho reflexionar sobre la sociedad que estamos formando, cuyos miembros tendrán que sacar a flote al país dentro de unos años y que quieren llegar, no sé dónde, pero siempre aplicando la ley del mínimo esfuerzo con la complicidad de bastantes padres y madres, unos padres y unas madres, muchos de los cuales malviven de la picaresca de la economía sumergida, de las ayudas y de los subsidios, acostumbrados a la cultura del “todo gratis” y que, extrañamente, valoran escasamente que sus hijos aspiren a algo mejor de lo que ellos tienen o que, en todo caso, quieren que alcancen mayores metas pero, eso sí, sin despeinarse mucho.

Estamos renunciando, a pasos de gigante, a la cultura del esfuerzo, al mérito, a ser competentes en algo, a entender que las cosas cuestan y a sacrificarnos para ocupar una posición mejor que la que han ocupado muchos de esos padres y de esas madres que, en el medio rural en el que trabajo, sobreviven a base del subsidio agrario, de jornales de aceituna y de las limosnas del PER. Para colmo, miramos la televisión y vemos el reflejo de esto que cuento en gentes a las que se las encumbra y se las admira y cuyo único mérito reside en haberse acostado con un torero o en haberse divorciado de un famoso tenista. Si miramos más arriba podemos ver a Leire Pajín, cuyo currículum laboral es bastante exiguo (por no decir nulo), como ministra del gobierno de España. Si estos son nuestros modelos, no vale la pena esforzarse y hasta puede que “la madre pedagoga” tuviese razón y fuese yo el equivocado.

9 comentarios:

Fernando Gámez dijo...

Amigo Eugenio:
Suscribo "de pe a pa" todo lo que expones en tu escrito, porque yo también desgraciadamente lo he vivido, no hace mucho tiempo.
Eso sí, expertos saldrán muchos de nuestros chicos y chicas en todo lo que la calle y los Medios les enseñan y que, la mayoría de las veces, es totalmente opuesto a lo que la escuela y las familias serias les enseñamos: expertos en pasar de todo, beber, fumar de todo,ir a la moda(¿..?),expertos en sexualidad y relaciones prematuras,en gastar sin control, en triunfar sin esfuerzo y como sea, etc...
Ahora bien, y sin ser derrotistas, ésa no es por suerte la "foto" de todos nuestros niños y jóvenes.
Como docente en la retaguardia ya, yo os animo a los que estáis en primera línea todavía a que no desistáis de vuestro empeño de seguir EDUCANDO a la vez que enseñando a las nuevas generaciones que la vida pone en vuestro camino.¡Es muy noble vuestra misión y muy trascendental!
¡¡NO OS RINDÁIS NUNCA!!
Un abrazo.

Manuel Madrid Delgado dijo...

Eugenio, cada vez me parecen más admirables las personas que se dedican a la educación en España. Creo que no hay un solo colectivo profesional en todo el país que cuente con el desprecio sistemático con que se encuentran los maestros y profesores: desprecio de los alumnos, desprecio de los padres, desprecio de la propia clase política. Es este desprecio político por la educación y sus profesionales el que genera todos los demás, y es el más grave. Hemos apostado en contra de la educación y así nos va y así nos irá. Estamos contentísimos de habernos conocido, porque somos un país tan profundamente estúpido que nos creemos que el mundo gira a nuestro alrededor. Y como somos tan miserables como sociedad, cuando nos demos de bruces contra el muro de la realidad buscaremos culpables, sin asumir que todos somos culpables porque todos hemos consentido que las escuelas se convirtieran en establos. Mientras el resto del mundo tiene alguna oportunidad de salir de la crisis porque se han tomado en serio la formación, la educación y todos esos valores constantemente vejados en España (el esfuerzo, la seriedad, el amor por el trabajo bien hecho, la responsabilidad...), nosotros hemos condenado a nuestros hijos a ser los camareros, los becarios o las putas de Europa. Qué orgullosos podemos sentirnos como país. Qué gran éxito colectivo.
Cada vez creo en menos cosas, cada vez me importan menos cosas. Esto de la educación y de España y del futuro me importa, simplemente, porque me resisto a que el futuro de mis hijos sea el que los políticos han diseñado para ellos. Yo no quiero que mis hijos sean los camareros de los ingenieros daneses que vengan de vacaciones, ni los becarios de los carroñeros empresarios españoles, y si tengo una hija no quiero verla convertida en la puta de los obreros ingleses que veranean en Ibiza. Lo siento, pero me niego. Y creo que va siendo necesario organizar una protesta eficaz contra todos los que decididamente no apuesten por la educación y la escuela pública. Me cansa, me produce hastío, el debate de la educación en España: miren ustedes, lo más importante no es que en la escuela se enseñe religión o no, lo importante es que nuestros hijos se formen como personas y como futuros profesionales, como ciudadanos comprometidos con un proyecto común, que se formen en valores cívicos, en la ética de lo público. El partido que simplemente proponga eso debería contar con el apoyo explícito de todos los docentes y de todos los que creemos que la educación es lo más importante que tiene un país.
Saludos y... ánimo.

ANTONIO Y ROSA V. dijo...

Mi mujer es como tu docente, y ella siempre cuenta una anécdota que narraba un profesor suyo de la Universidad.
Este hombre decía que él no lo vería,pero que llegaría un día que la profesión de maestro llegaría a tener problemas para cubrir las plazas de los colegios, porque no habría dinero para pagar esta profesión.De momento esta "profecía" no se va a cumplir, pero quien sabe si algún día será más denostada aún de lo que está ahora.
Saludos y ánimo

Anónimo dijo...

Debo vivir en un país diferente. En mi ambiente se aprecia sobremanera a los profesores de primaria, de ESO, de bachillerato y de universidad. Se quiere esfuerzo, responsabilidad, dedicación. Se pide más dinero para educación pública de calidad. Se exige al profesorado que instruya, y no que tontée en clase. Se valora al profesor motivado, buen profesional, y se enseña al hijo que tiene que respetar las reglas del colegio. Los libros de texto son cada vez mejores, los programas informáticos de los "ultraportátiles" son excelentes, y algunos profesores ya saben sacarles partidos, se hacen más deberes que cuando yo era niño (y apenas se discute), y todo el mundo sabe que es fundamental tener bien asentados los fundamentos de lengua, de matemáticas y de inglés.

Hay que distinguir entre las filias y las fobias políticas y el descomunal esfuerzo que día a día se hace en el mundo de la educación, que no desmerece en absoluto del que se hace en países como Francia o Italia.

No seamos tan derrotistas, por favor, eso sólo conduce a la melancolía.

Lo que tiene que hacer un profesor cuando llega la madre "pedagoga" es explicarle sus razones y aconsejarle que diga a su hijo que se adapte al centro en el que está. Eso sí, con buena educación, como sugiere Santa Barbara.

E. Santa Bárbara dijo...

Amigo anónimo:

Me alegro de que vivas en el País de las Maravillas.

No sé de dónde sacas el asunto de las "filias y las fobias políticas". Debe haberte traicionado tu subconsciente. Aquí se trata el tema desde una óptica absolutamente profesional. Nada más (y nada menos).

No es sólo una opinión mía. Está generalizada entre mis compañeros y parece ser que también entre quienes han comentado la entrada del blog.

Saludos.

Anónimo dijo...

Pude haberlo explicado mejor. Quería decir que con independencia de que gusten más (filias) o gusten menos (fobias) los políticos que hacen las leyes educativas, habría que reivindicar de vez en cuando el esfuerzo diario que hacemos los docentes (yo también lo soy) y habría que subrayar que por lo general, cada vez más, los padres quieren que a sus hijos se les dé una docencia de calidad. Yo no me siento en el país de las maravillas, pero tampoco en el precipicio. No creo que nuestro sistema educativo conduzca a la indolencia.´Hace diez años sí podía decirse que la LOGSE (y la televisión, y la incapacidad de ciertos padres) fomentó habitos perniciosos. Sinceramente, creo que hoy el péndulo ha seguido moviéndose, y que cada vez más gente defiende el discurso del esfuerzo y la responsabilidad, como se hace en este artículo.

Mi única crítica es al uso del derrotismo como medio de transmitir un mensaje, que percibí en tu artículo y en alguno de los comentarios. Pero lamento haberla hecho. No se repetirá.

E. Santa Bárbara dijo...

Querido anónimo:

La crítica es enriquecedora y para eso están, entre otros muchos medios, los blogs y los foros de Internet, para que opinemos y podamos enriquecernos con el contraste de opiniones. No debes lamentar pensar de forma distinta a como aquí se ha hecho. Todo es respetable.

Claro que reivindico el esfuerzo que, a diario, realizan los docentes. Lo conozco por experiencia pues, tras las clases, dedico muchas horas en mi casa a preparar trabajo y localizar recursos digitales para reforzar el aprendizaje de mis alumnos. Detrás del rotafolios que cargo en una PDI, en dos minutos, hay muchas horas de trabajo en casa o de carretera, para realizar cursos de formación que me mantengan actualizado. El problema está en que muchos padres, evidentemente no todos, han descargado todo esa responsabilidad sobre la escuela y estoy convencido de que todos los que formamos parte de la comunidad escolar, también lo padres, debemos tirar del carro de la educación en la misma dirección.

Saludos.

Tikyciya dijo...

Eugenio me parece una entrada SIN PALABRAS. Yo que paso a paso desde la facultad hasta ahora me he movido en centros educativos tanto de educacion formal como no formal, te doy la razon y eso que mi experiencia en nula comparada con la tuya.
No te puedo negar que siento algo de nerviosismo al leer este artículo y pensar como sera dentro de 20 años...yo en la flor de la vida profesional frente a un colectivo que seguramente no responda a ningun estímulo educativo.
Lo que me queda...
Con tu permiso lo enlazo a mi facebook

Anónimo 2 dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que expones, Eugenio. La situación actual de la ensañanza en España es lamentable y lo peor de todo es la indolencia sangrante de los políticos para paliar tan grave panorama. No es cuestión de tener espíritu derrotista -como apunta "anónimo"- y de lamernos las heridas sollozando nuestras penas, es sufrir una progresiva impotencia en el día a día cuando, aún poniendo todos los medios y esfuerzos personales para ayudar a que la situación mejore, echas un vistazo a la clase política que nos dirige y el alma se le cae a uno a los pies.
Como bien apunta Manolo Madrid, los valores que se transmiten hoy día a la sociedad -sobre todo juvenil- son tan deleznables y tan hueros, que uno no tiene por menos que envidiar sanamente a los países vecinos por hacer los deberes (nunca mejor dicho) mucho mejor que nosotros.
Eugenio, si aparece ese partido político que promulgue una vuelta a la tortilla en tema de educación, para allá irá mi voto. Aunque cada vez estoy más convencido de que no interesa tal empresa: demasiado esfuerzo...
Saludos.

 
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